ISBN 0124-0854
N º 143 Mayo 2008
Lo que ves es lo que ves
Daniel Marzona
Un tubo fluorescente corriente fijado diagonalmente a la pared, vigas de madera sin labrar o placas metálicas dispuestas en el suelo formando estructuras simples, cajas de metal y plexiglás simplemente alineadas, cubos y otras formas estereométricas básicas de madera contrachapada, aluminio o acero: así es como pueden describirse los trabajos que muchos artistas desarrollaron en Nueva York y Los Ángeles a principios de los años sesenta.
Cuando ese tipo de obras-objeto empezaron a exponerse hacia 1963, primero en las galerías y poco a poco en los museos neoyorquinos, quedó patente que ni el público ni la crítica estaban preparados aún para valorarlas. El pop art celebraba por aquel entonces su marcha triunfal, por lo menos en el plano comercial, y gracias a una gran exposición en el Museum of Modern Art se consagraba entre las Bellas Artes. Por lo demás, el mundillo artístico de la metrópoli, en aquel entonces de dimensiones aún reducidas, seguía dominado por la pintura