ISBN 0124-0854
N º 145 Julio 2008 encrucijada de caminos, donde el bandolero aparece como el agente redistributivo, los capitanes y la regenta reconocen que ya es bueno no ser despojado de todos sus bienes para darlos a otro; igual, si el reparto hubiere sido más severo, cualquier cantidad entre nada y el límite de sus posesiones es aceptable en tal circunstancia, ya que, limpio o no, nadie va a preguntar cómo llegó a sus manos refinadas este dinero; de allí la furia de Guinart ante el capitán desagradecido: no le ha quitado todo y le ha cubierto la espalda frente a los otros y, aun así, le desafía. ¿ Es más honrado el dinero habido en la guerra, con todas sus atrocidades sobre campos y ciudades, que el accionar de los malandrines que sólo se meten con los viajeros en caminos lejanos?
Así, a pesar del despojo, es mejor para algunos miembros de la sociedad perder un poco, que una redistribución general donde pueden perder mucho más; es claro que en un consenso necesario para una justicia procedimental, si nadie conoce su posición específica no se podría aceptar un reparto excluyente de la riqueza donde unos pocos se quedaran con gran parte de la riqueza social; y en el ejemplo, milicia y nobleza salen mejor del percance cediendo un poco de su riqueza que arriesgándolo todo en un nuevo reparto de la riqueza entre todos.
Se puede sacar de esta argumentación otra conclusión importante: la justicia distributiva ha de ser diseñada y ejecutada de tal forma que logre satisfacer el sentido de justicia de los implicados, sea cual sea su posición o ideología acerca de la sociedad y sus fines, lo cual es especialmente importante con aquellos que están en la situación más desventajosa: en el ejemplo, los frailes, Sancho y los peregrinos, ya que este reparto es bueno porque no se hace a sus expensas totalmente, sino que contribuyen también los bienes de otros; en una situación de saqueo indiscriminado, no se apelaría a la justicia distributiva sino a la resignación por una situación catastrófica de los individuos, y se estaría más cerca del estado de naturaleza de una sociedad de propietarios que de una sociedad que aspira a la justicia. En nuestro ejemplo, es claro que los personajes, cada uno a su manera, califica la distribución respecto a su particular sentido de justicia, como lo enuncia Cervantes: Y haciendo brevemente el tanteo, volviendo lo no repartible y