ISBN 0124-0854
N º 139 Diciembre de 2007 convencionales, no intrínsecos, no naturales, son impersonales; pueden intercambiarse porque no son cualitativamente distintos. El modelo espacial aristotélico es intimista, cerrado y subjetivo: fronterizo; el newtoniano es externalista, abierto, objetivo: sin fronteras. Éste es homogéneo e isótropo; prácticamente inocuo para el movimiento de los cuerpos; no les opone resistencia, los deja estar en cualquier lado, se asimila a sus requerimientos, los deja ir y venir sin cambiar él mismo, los deja estar, no los encierra, no los amarra al lugar.
personas son iguales en cualquier espacio. Y se conviene con una concepción de la ciudadanía más urbana, más impersonal, no natural, sino una condición artificial aunque necesaria, no un hecho, sino un derecho.
Existe, pues, una evidente similitud entre la cosmología política liberal y la cosmología espacial newtoniana. La cosmología moderna, científica y política, rompe tanto con el concepto aristotélico del espacio“ vital” como con su concepción de ciudadanía“ especial”.
Y esta concepción del espacio se corresponde con la mentalidad mercantil propia del capitalismo y con esa mentalidad de la burguesía comercial que tanto admiraba Marx, para la cual el mundo es ancho y ajeno: no soy de aquí, ni soy de allá. Y esa mentalidad encaja muy bien con la idea de la representación indirecta propia de la democracia representativa, en la que las
Alla cuelga mi vestido o New York, Frida Kahlo, 1933
El espa cio político moderno como el físico resulta inerte, inocuo, indiferente en relación con la universalización de los derechos fundamentales que corresponden a los