ISBN 0124-0854
N º 130 Marzo de 2007
Y los vecinos pueblos alimente; Ya tuerza con violencia al hondo río El curso con que asuela los sembrados,
y a su pesar le enseñe mejor senda; Cuanto es obra del hombre todo muere: ¡ Y la gloria y la gracia del lenguaje Las únicas serán que eternas vivan! A nacer tornarán muchas palabras Sepultadas ha tiempo; y las que hoy reinan
A su vez morirán, si place el uso, Árbitro, juez y norma del lenguaje.
Las palabras, pues, como los hombres, tienen nacimiento vida y muerte, y en esa vida vicisitudes y alternativas. Sucede que unas, de origen oscuro, se ennoblezcan, y otras, de cuna esclarecida, decaigan y vayan a menos. Las hay que apenas venidas al mundo del lenguaje cobran boga y brillan con general aplauso, y luego pasan y caen en desuso, por falta de mérito intrínseco, a la manera que ciertos hombres surgen en la política, desempeñan un día papeles importantes, y son olvidadas al siguiente; las hay también que tardan largos períodos en hacer fortuna, pero que luego se implantan con la firmeza de lo que no es efímero ni pasa como meteoro en cielo azul iluminado por eternas estrellas. En suma, las biografías de las palabras presentan atractivos y enseñanzas tan útiles y curiosas como las de los hombres; y cual cambian las fisonomías de éstos con el tiempo así varían
de carácter y apariencia los vocablos; crecen, se acortan, su estructura se embellece o se afea, vacilan en la primera edad, adquieren luego la firmeza de la juventud y de la virilidad, y más tarde muchos envejecen y mueren, y son sepultados en las columnas de los Diccionarios, mientras sus hermanos y sucesores resuenan con calor y vida en los labios de los hombres.
Las lenguas muertas, bastante lo explica la palabra, permanecen fuera de toda revolución, y son a las lenguas vivas lo que la estatua al original: inmóviles, petrificadas, insensibles a la acción del tiempo, que no logra dejar en ellas huella de su paso, mientras que las lenguas vivas están sujetas a la gran ley de la transformación, carácter distintivo de todo lo que vive; cada época, cada período que trascurre quita o añade algo a su fisonomía, porque cada época es innovadora con respecto a la anterior. Nuevas costumbres aparecen, las antiguas se modifican, las ciencias y las artes progresan, y en el lenguaje deben reflejarse esas trasformaciones de la agrupación humana que lo usa. Por eso las lenguas se enriquecen de tres maneras: por acepciones nuevas atribuidas a voces ya existentes; por introducción de nuevos vocablos, creados para expresar ideas nuevas, o para designar hechos y objetos que antes no existían o no eran conocidos; o por alianzas de palabras, algunas de las cuales“ gritan de espanto al verse juntas por la vez primera”, pero que luego se