ISBN 0124-0854
N º 130 Marzo de 2007
Neologismos
Por Rafael Uribe Uribe
Sobre dos mil años hace que el genio romano formuló magistralmente las reglas a que debe estar sujeto el acrecentamiento de las voces de una lengua, y la verdad de esas reglas ha sido confirmada por los siglos. He aquí cómo traduce y comenta Martínez de la Rosa el pasaje de la“ Epístola a los Pisones”, en que Horacio consignó esas leyes:
Si expresar acaso te es forzoso Cosas antes tal vez no conocidas, Con prudente mesura inventa voces Del rudo, antiguo Lacio no escuchadas; Que si sacarlas logras cristalinas Con leve alteración de fuente griega, Crédito adquirirán luego que nazcan. ¿ Pues qué, a Virgilio negará y a Vario Lo que a Cecilio y Plauto otorgó Roma? ¿ O mirará con ceño que yo propio Con mi humilde caudal, si alguno junto, Aumente el común fondo? ¡ Y no lo hicieron Ennio y Catón, con peregrinas voces La patria lengua enriqueciendo un día! ¡ Siempre lícito fue, lo será siempre Con el sello corriente acuñar voces!
Como al girar el círculo del año, Sacude el bosque sus antiguas hojas Y con nueva verdura se engalana, Así por su vejez mueren las voces Y nacen otras, viven y campean Con vigor juvenil. Todo perece: El hombre, sus empresas, cuanto es suyo, Ya con regio poder abra en la tierra Entrada al mar, y de los duros vientos Las armadas defienda; ya secando La infecunda laguna, en vez de remos Sienta por vez primera el grave arado,