ISBN 0124-0854
N º 133 junio de 2007 en altar donde el verbo se hace carne. Enamorado de la palabra, seduce con historias como Marimonda, travesía por la selva llena de colores, sensaciones, olores y sorpresas, donde los cocoróes y jujúes de las marimondas se escuchan como en la selva. En Marimonda brotan ríos de ternura, esa que se esconde detrás del Mario rígido y altanero y que aflora en sus textos. Cuando lo veo caminando hacía el salón de clases, pienso en Tereso que me hizo llorar, en mi negro, en Nila, en Alaín, ese maestro en el que se encarna él mismo como en ningún otro personaje, aunque ha confesado ser vengativo como Tereso y peleador como mi negro. Recorro el camino de Cuando pase el ánima sola y me alegra cuando confiesa que escribió ariquipe y se sonroja reconociendo su error. Nos cuenta que fue grumete como nosotros, y que con tesón, disciplina y talento navega por esos mares anchos y profundos de donde surge la literatura, buceando en aguas que casi tocan las entrañas de la tierra, sin más escafandra que el lápiz y el papel. A veces se traga las palabras como un niño asustado, haciéndonos recordar a ese niño que todos llevamos dentro, hasta que algún“ dientelata” o“ frente de acantilado” le pide que hable más claro. Intuyo que como buen escritor, navega mejor en ríos de palabra escrita. Nos enseña el amor por el diccionario, ese océano de palabras cuya riqueza y variedad es infinita. Y comparte con Borges que decía“ cada palabra es una obra poética”. También nos enseña a leer despacio y a releer
tantas veces como sea necesario, sin tragarse palabras desconocidas, saboreando cada frase, cada párrafo, cada historia; buscando entre líneas los amarres del texto y la belleza de la frase. Celoso de sus libros, como si fueran su mujer, no los presta a nadie pero se deleita hablando de ellos, y transmite esa pasión, incitando al encuentro de nuevos autores, de obras valiosas, de lecturas que abrazan. Escucha con oído de músico nuestras primeras páginas, con paciencia de relojero corrige los errores, con ojos de lince verifica el significado de las palabras que usamos, con rabia de campesino protesta ante las inconsistencias y con alma de maestro anima a seguir en la tarea.
* Lucía Donadío. Escritora, dirige un taller de escritores en la Universidad Eafit. Este breve texto fue escrito en 1998 como un ejercicio para el Taller de Escritores de
Mario Escobar Velásquez, del cual hizo parte.