Agenda Cultural UdeA - Año 2007 JUNIO | Page 30

ISBN 0124-0854
N º 133 junio de 2007

Semblanza de

Lucía Donadio

Mario Escobar Velásquez

A veces llega al taller con sus escritos escondidos entre los libros que trae. Cuando le preguntamos quién escribió ese texto que acaba de leernos, con timidez responde:“ el hijo de mi mamá”. Su barriga parece preñada de historias. Escribir es como una preñez, me dijo alguna vez. Una preñez que él va dando a luz mientras escucha el sonido de la quebrada y el canto de los pájaros que atiborra de bananos en la terraza donde consiente a las clavellinas, para luego enclaustrarse a alimentar a sus criaturas. Preñeces de años como los 25 que tardó en escribir el cuento“ Sabor a fierro”, en el que retrata cómo la violencia se ensaña con los más débiles, los civiles. Su cabello gris parece la cima soleada de uno de nuestros nevados, que seguramente lo habrá hecho llorar de emoción al contemplarlo, con esa mirada honda, insondable, que escarba lo que ve, como queriendo no olvidarlo nunca. Esas cejas espesas como bosque no me han dejado ver el color de sus ojos, que miran hurgando en las profundidades del alma, para luego inundar con frases hermosas, tramas interesantes y personajes con profunda caracterización las novelas y cuentos que sus manos hilan. Escribe con esos dedos gordos como murrapitos trabajadores. Manos que han
trasegado la vida, esa materia infinita e inescrutable a los libros; manos curtidas y veloces; manos que hacen vino de naranja y que amasan historias con la misma pasión con que un buen panadero amasa el pan. Manos que penden de esos brazos que abrazan a la mujer y al hijo como si fueran las ramas del cedro guino. A los talleres llega siempre antes de tiempo, como un capitán de barco dispuesto a zarpar. Se dirige a sus grumetes con amor, firmeza y humor. Sin escrúpulos nos llama“ dientelata”,“ frente de acantilado”,“ glabro” o cualquier otro vocablo que se le ocurra. Desde el primer día comienza a zarandear la nave, incluso antes de que el barco leve anclas. Palimpsesto, hipálage, fungible, garlar fueron las primeras velas que enarboló en los mástiles ante nuestros perplejos rostros.“ Traigan cinco frases con cada una de estas palabras y busquen treinta títulos posibles al cuento que acaban de escuchar … y el que no alcance a hacerlo, mejor no venga la próxima semana”.
Algunos huyen asustados. Otros permanecemos en la nave, vamos descubriendo que detrás de ese avezado capitán se esconde un auténtico maestro que ama enseñar y que convierte el frío pizarrón