Agenda Cultural UdeA - Año 2007 AGOSTO | Page 25

ISBN 0124-0854
N º 135 agosto de 2007
La crisis actual de la salud pública pasa también por la pérdida de su potencia seminal. La histórica primacía del academicismo y el burocratismo la han alejado de su tarea de fermento, de su campo de siembras y cosechas. Hoy siembra poco. Casi no cava. Repite mucho y casi no interroga. Acepta rápido y se inclina y se deslumbra fácil. Se cree muy científica, eficiente y gerencial. No siempre sabe valorar y asumir su papel transformador, interrogador, confrontador. Su futuro también tendrá que ver con su capacidad para recargarse de ideas y preguntas, de dudas y proyectos, de energía vital. La salud pública del futuro será también una nueva agricultura de la vida y de la salud. Tendrá nuevos campos y semillas, agricultores y abonos mejor balanceados y, ojalá, mejores cosechas.
• La salud pública como acción política Abad Gómez se autodefinió también como un activista político-social. Y Leonardo fue exactamente eso para todos. Al igual que Virchow un siglo antes, entendieron que la política era medicina a gran escala. Así la ejercieron, no como politiquería además, sino como la interpretación y canalización de la voluntad colectiva hacia la solución de las necesidades sociales. De hecho, en política partidista no les fue bien. La de derecha consideraba a Abad demasiado de izquierda y la de izquierda desconfiaba de sus afinidades con la derecha. Esto, en un país en el que la
afiliación partidista cuenta tanto en la distribución del poder burocrático puede explicar en parte por qué un hombre de su talla y de sus capacidades nunca fue decano, ni rector, ni alcalde, ni ministro. En realidad sólo tuvo cargos de mediano calibre. Leonardo, por su parte, no tuvo ningún cargo por fuera de la Universidad, con excepción de su paso por el Concejo de Medellín en 1980. En cambio, en los campos en los que el poder lo confieren el liderazgo, las ideas, la lealtad y las convicciones estaba siempre en la primera fila.
Apenas Abad recibía su título de médico, ya estaba entrando en el campo de las decisiones políticas de la salud pública regional. Muy poco después está ya en el nivel nacional enfrentando epidemias, impulsando vacunaciones o redactando proyectos de ley, como el del año del servicio social obligatorio aprobado en 1948. Un poco más adelante lo encontramos ya en foros con organismos internacionales y mundiales comunicando experiencias locales, discutiendo proyectos innovadores y, como siempre, aprendiendo y polemizando. Sin perder el polo a tierra, trabajaba al mismo tiempo en una de las modalidades participativas de entonces, la acción comunal, visitaba los distritos de riego de la reforma agraria, iba a donde otros no iban, tenía tiempo para oír a los que nadie oye.