Agenda Cultural UdeA - Año 2007 AGOSTO | Seite 26

ISBN 0124-0854
N º 135 agosto de 2007
Leonardo, desde antes de recibir su título de médico, ya era un militante de la justicia y de la dignidad. Va al Guaviare, vuelve a los sindicatos, a las organizaciones barriales, a la lucha política dentro del movimiento profesoral y estudiantil, a la participación en Firmes, cuando ese movimiento significaba una aventura democrática.
Militaron ambos sin descanso— ¡ y a qué precio!— en un partido: el de los derechos humanos. Desde allí pudieron enterarse de muchas verdades no oficiales, de muchas violaciones a todos los derechos. Fue una militancia que los llevó de vereda en vereda, de riesgo en riesgo, de dolor en dolor. Incapaces de otorgar en silencio, hablaron, batallaron, denunciaron.“ Yo acuso” fue uno de los más vibrantes y valientes artículos periodísticos del Dr. Abad, publicado en el periódico El Mundo, de Medellín el 4 de agosto de 1979. Es posible que por acusar los hayan acusado y que por hablar así hayan decidido silenciarlos.
No sólo denunciaron, padecieron la violencia, todas las violencias. Cinco de los compañeros más próximos del Dr. Abad fueron asesinados en Sevilla en su primera juventud. Le golpeó cerca la violencia política desatada en 1948 y salió del país en 1950. Lo vimos enfrentar la violencia policial contra marchas pacíficas en defensa del Hospital o de otras causas universitarias. Leonardo creció en los primeros años de la etapa que conocemos
como de la Violencia en Colombia. Enfrentó la violencia de la fuerza pública contra las manifestaciones de protesta y la insatisfacción estudiantil, padeció los allanamientos frecuentes a su casa y a su privacidad, y fue víctima del encarcelamiento, ya señalado, en 1979. La muerte violenta de ambos fue la culminación contra ellos del imperio de la fuerza y la intolerancia.
Y estudiaron la violencia. El único escrito que conservo de Leonardo es la transcripción de una conferencia suya sobre la violencia en Colombia, dictada en la sede de la Asociación Médica de Antioquia en 1986, en la cual diferencia las violencias económica, política y social. Abad consideró la violencia como una expresión de desigualdades, un síntoma de profundas enfermedades sociales y una realidad culturalmente creada, en ocasiones necesaria al organismo social. Fue el pionero solitario de los estudios de epidemiología de la violencia al empezar la década de los sesenta. La estudió e invitó a estudiarla. Le hicimos caso demasiado tarde.
La presunta neutralidad política de la salud pública en nombre de la objetividad y la racionalidad científico-técnica ha contribuido, sin duda, a su distanciamiento de muchas realidades y causas que le son esenciales. Y en lugar de neutral, ha devenido cómplice, ajena, insípida. No es que deba politizarse coyuntural y subjetivamente. Es que la salud pública es, por esencia, política. La