ISBN 0124-0854
N º 127 Noviembre de 2006
eran decididamente opuestos y George Sand era, en un principio, hostil a las peticiones de Musset quien luego las dirigirá, desbordadas, a exigir los cuidados de la madre debido a su propia enfermedad y a su dependencia del alcohol, debidas, muy seguramente, a la indiferencia de la escritora y, quizás, a la impotente envidia que le producía percibirla como una autora abundante y eficaz.
El prólogo del que quiero decir algo lo publicó la Editorial Interamericana de Buenos Aires y es el que le abre paso al libro que contiene las cartas que se intercambiaron George Sand( cuyo nombre verdadero es Aurora Dudevant) y Musset, de las cuales Borges tradujo las que Musset le envió a Sand. El ambiente de las cartas corresponde al París del siglo XVIII, siglo que seduce a Borges por su tipografía y por su literatura. Los interlocutores corresponsales de las cartas
El amor, o mejor, la energía pasional que abundó en la relación fue casi un espectáculo para la época, dice Borges, y sugiere:“ El amor desea una secreta publicidad, desea misterio, simpatías y símbolos”. Y más adelante, en el mismo prólogo, justifica tal aventura reconociendo en estos seres sentimientos sinceros y emociones singulares:“ Pero lo verdadero en toda aventura no son las circunstancias concretas, es la general y abstracta pasión”. También para el mismo Borges cabe esta última apreciación. Para él, que quiso y cabalgó varias literaturas pasivas al cuerpo, pero necesitadas de agitación mental; para él, que