Agenda Cultural UdeA - Año 2006 MAYO | Page 33

ISBN 0124-0854
N º 121 Mayo de 2006 que crean su propio lenguaje.( Salvat Ricard 1996: 27)
La pregunta es qué significa crear un lenguaje propio y creo que la única respuesta posible es que mediante la familiarización con el movimiento se empieza a generar una estilización y un perfeccionamiento de éste, lo cual sería el primer estadio por el que pasa el tomar conciencia del movimiento. Es pues la danza afectada por el elemento del ritmo y de la repetición lo que posibilita un primer momento en la toma de distancia frente a este fenómeno que en principio se da solamente como hecho expresivo, de dolor o de alegría, pero en fin, simplemente como manifestación de un sentimiento. Esto es claro en las danzas rituales; pero cuando se empieza a constituir como un medio de expresar una determinada visión del mundo, es decir, cuando se comienza a interpretarlo, se está en el primer momento del arte.
Es en la toma de conciencia donde se empieza a crear un lenguaje propio, y el hecho de que éste no tienda a ningún fin práctico es lo que lo consolida como Arte, como manifestación humana generadora de una realidad propia con un lenguaje único. Así lo plantea Ricard:
En su origen, pues, el hombre se expresa totalmente, afirma su estar en el mundo cantando, danzando y hablando al mismo tiempo y danza significa en este momento, como dice Platón, la imitación de todos los
gestos y de todos los movimientos que el hombre puede hacer.( Ibid: 61)
Ahora podemos entender la lucidez del pensamiento de Gordon Craig cuando dice que el hombre es en esencia movimiento, y el ritmo una de sus formas particulares. Y también se hace evidente la conexión esencial que tienen las artes escénicas, es decir las que se representan en un lugar y un tiempo determinados, con el juego humano, un juego que no tiende a un fin, pero en el cual se realiza una especie de autorreconocimiento, de aprendizaje, me atrevería a decir que en el sentido que Aristóteles le da al concepto de mímesis: aprendemos por imitación, pero no por vernos representados en otro, sino por representarnos en un sentido primordial a nosotros mismos, esencia del encuentro consigo mismo que se da en presencia del arte.
Imposible no referirse entonces a Paul Valèry, para quien la danza es otra forma de conocimiento, un conocimiento de sí mismo por medio del movimiento y del gran misterio que es el cuerpo humano: a través de la metamorfosis que sufre la bailarina vemos representados tanto el amor como el mar, y en el caso de Blanc d’ Ombra vemos el amor, la creación, la escultura y la propia gestación, en definitiva la metamorfosis que es un elemento indispensable en la danza. Pero en último sentido nos vemos a nosotros mismos; logra que el espectador en un tiempo y un espacio únicos sea lo que ve: fuego, ola, onda, dolor,