Agenda Cultural UdeA - Año 2006 MAYO | страница 32

ISBN 0124-0854
N º 121 Mayo de 2006

Movimiento

y automovimiento,

el límite entre desplazarse y bailar

Por Ana Elisa Echeverri
La danza hace sensibles a los cuerpos, les da memoria. Personalmente siento como si las capacidades mentales estuvieran multiplicadas o diluidas por el cuerpo, puedo reconocer una rodilla inteligente tomando decisiones o un codo sesgando el espacio emocionado. Esta actitud física libera el trabajo de mi intelecto: me hace sentir lo que pienso, pensar lo que siento.( Marguerite Angels 2000: 112)
Del movimiento podríamos decir con Pascal que es la condición esencial de la vida. La vida es en el movimiento, el reposo total es la muerte. Partimos de Aristóteles y de su concepto de automovimiento: lo que está vivo lleva en sí mismo el impulso del movimiento, es automovimiento, pero ¿ qué diferencia el movimiento de los animales del humano? En principio, nada.
El movimiento es la condición de la vida, pero lo es en su ser como exceso, así se instituye como juego( y este es un primer paso); hablamos de juego como algo referido
a la infancia o a los animales, o en general a cualquier movimiento repetitivo que comporta un cierto ritmo, por ejemplo el juego de luces:“ El juego aparece entonces como el automovimiento que no tiende a un final o a una meta, sino al movimiento en cuanto movimiento, que indica por así decirlo, un fenómeno de exceso, de la autorrepresentación del ser viviente”.( Gadamer 1996: 67)
¿ Pero qué diferencia el juego de los animales, el juego infantil del juego ritual y cuándo se da el paso del rito a su representación y de ésta al teatro? Cuando aparece la conciencia:
Movimiento y elemento lúdico suelen confundirse en el mundo de teatro. Como por extensión, en el mundo de la creación artística, todo es juego, todo es movimiento, todo es acción. Ya J. Huizinga en su Homo Ludens nos enseñaba que todas las formas del arte se producen dentro de la esfera lúdica y luego se van distanciando de ella a medida