Agenda Cultural UdeA - Año 2006 FEBRERO | Page 39

ISBN 0124-0854
N º 118 Febrero de 2006 número de páginas, de signos por renglón, de renglones por folio. Los veinticinco símbolos ortográficos agotan todas las variaciones imaginables. Uno de los libros, por ejemplo,(…) constaba de las letras M C V perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro(...) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice Oh tiempo tus pirámides. Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. 7 Si bien en la biblioteca no hay dos libros idénticos, cualquier variación en cualquiera de sus símbolos justificaría un volumen distinto. Insospechados serían entonces los alcances de la biblioteca absoluta. En alguno de todos los libros estaría, por ejemplo, la narración de un accidente que ocurrirá mañana y además existirían, ocultos quién sabe dónde, varios millares de narraciones apócrifas, otras distorsionadas, de ese mismo hecho y de otros similares, como todos los sucesos del pasado y del futuro, con sus respectivas interpretaciones y símiles adulterados. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de estos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basílides, el
comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas... 8 Resultaría imposible combinar caracteres que la biblioteca no hubiera previsto y aunque la primera sensación sería de felicidad, por disponer de todos los libros imaginables, luego comprenderíamos la probabilidad infinitamente pequeña que tendríamos de ubicar el libro buscado. En el cuento, esa improbabilidad genera una inmensa angustia y desesperanza. Tal Biblioteca de Babel, en nuestra época cibernética de internet e interacción planetaria, sería quizás posible y, de concretarse, nos invadiría seguramente un vértigo insondable, de tristeza, ante el aluvión tipográfico. La Biblioteca total, concebida por Borges, es un término ideal y de ningún modo nos aseguraría la dicha o algo parecido, tal como sucedería con una biblioteca absoluta en internet. Por el contrario, sembraría una mayor apatía en los espíritus, el agotamiento de la creación, la invención no encontraría ningún lugar, las energías se dedicarían a encontrar en la maraña de vacuidades el grano de saber, de literatura, capaz de justificar un instante de felicidad. Retorno a Alejandría El sueño de reunir el saber de los hombres en una gran biblioteca sigue latente. Naturalmente cuando pensamos esa vocación por agrupar todos los libros