ISBN 0124-0854
N º 118 Febrero de 2006 este rico acervo, ofrecer al mundo una obra completa sobre las artes y las ciencias. 5 Naturalmente, la intención de Swift, en este pasaje de Los viajes de Gulliver, es la de burlarse de la literatura producida por sus contemporáneos en Inglaterra( él mismo era irlandés pero vivía en Londres). En el tablero de la sapiencia es el azar aritmético— y no el pensamiento, el ingenio o la elocuencia— quien redacta y combina las palabras que formarán los libros. Una manera de demostrar cómo una gran cantidad de obras puede hundirse en un mar de estupidez por la pobreza mecánica de su concepción. Representación paradójica, si se quiere, del fin de la era de los libros no por medio de la destrucción física de tomos, sino por el fenómeno contrario: la sobreabundancia de obras, en su mayoría hueras y sin contenido. El mismo bibliófilo Petrarca se lamentaba porque ― cada día hay más que hacen libros y cada día lo hacen peor ‖, como si la cantidad abrumase las calidades de las obras y, por esa razón, no encontró tan deplorable el incendio de la Biblioteca de Alejandría. Después de todo, el afán por escribir libros, y así los sostiene en su De los remedios contra próspera y adversa fortuna, es casi una condena a la pobreza y las desventuras del sano juicio. Las obras de los autores citados, las que no se citaron pero que existen, los libros que aún no existen, los que fueron y se perdieron, cada uno de ellos podría resultar
ser – mal que nos pese— un número entre los infinitos números del universo, como lo comprendió Swift, como lo intuyó Pitágoras( quien por cierto no nos dejó ningún escrito) o el sabio Galileo al pretender leer, en el gran libro del cosmos o la naturaleza, los secretos de la creación. Dios— es una posibilidad— podría ser una inmensa biblioteca universal e inescrutable, tal como quizás, alguna vez, uno de los reyes egipcios soñó en Alejandría.
El universo que otros llaman la biblioteca Con una fina ironía, Jorge Luis Borges supo reunir esa paradoja del amor por la literatura y las bibliotecas con el estremecimiento de la multiplicación desconcertante de obras impresas. A su conocida sentencia: Todo libro es sagrado se suma aquella confesión en donde equipara el paraíso con la biblioteca, el ámbito sereno donde los libros hacen sentir su presencia y su gravitación. De ese mismo material bibliográfico de sus sueños construye una apacible pesadilla titulada: ― La biblioteca de Babel ‖, cristalización de una biblioteca total que reúne todas las obras posibles mediante la combinación matemática de todos los signos: ― El Universo( que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales...‖ 6 Semejantes en apariencia son los volúmenes de esa biblioteca total: mismo