ISBN 0124-0854
N º 118 Febrero de 2006 acerca del espíritu universalista de la Biblioteca de Alejandría: Un día el rey le preguntó a Demetrios:“¿ Crees que todavía existen libros de ciencia sobre la Tierra de los que no dispongamos?”“ Sí”, respondió Demetrio,“ todavía existen muchos de ellos en Sind( es decir, el Norte de la India), en la India, en Persia, Georgia, Armenia, Babilonia, Mosul y Grecia”. El rey, atónito al oír esto, dijo:“ Continúa reuniéndolos”. Siguió así hasta su muerte y esos libros han sido guardados y conservados por los reyes y sus sucesores hasta nuestros días. 3 La destrucción de la Biblioteca, luego de luengos siglos de paciente y fervorosa recolección de libros, llega por una orden distante dada por el califa a uno de sus súbditos, el sultán Amr, a quien Juan el gramático había solicitado el obsequio de las ― cosas inútiles ‖, es decir, de los ― libros del saber ‖: Amr respondió:“ No puedo disponer de esos libros sin la autorización del califa”. Escribió entonces una carta al califa Omar, el cual contestó:“ A propósito de los libros que mencionas, si lo que allí se encuentra escrito es conforme al Libro de Dios, no son necesarios; y si son contrarios, son inútiles. Así pues destrúyelos. 4 De ese radicalismo en el atesoramiento de libros, que llevó siglos, o el similar extremismo en su destrucción por el fuego, que fue obra de un día, podríamos colegir junto a Petrarca, autor del siglo XIV de
nuestra era, que“ los muchos libros a unos hicieron sabios, a otros locos”.
El incesante libro del mundo Más de un autor ha prohijado el deseo de una bibliografía infinita. Sueños de bibliotecas sin término, máquinas de escritura automática capaces de consumir el universo de las palabras, utopías encuadernadas, muchas veces, en los sobrios volúmenes de las obras dadas a la lectura. Tal proliferación editorial, sea deseada, temida o aborrecida, ha insuflado las imaginaciones en todos los tiempos. Jonathan Swift en sus Viajes de Gulliver( publicado en Londres en 1726) incluye la descripción de un artefacto literario, en la sarcástica“ Academia científica de conocimientos especulativos de Lagado”, uno de los lugares más ingratos de los visitados por el héroe de la narración. En esa ficción, Swift describe el ― tablero de la sapiencia ‖, formado por piezas ― en forma de dados ‖, en cuyas caras estaban escritas, en el desorden, todas las palabras de la lengua. Al azar, como en una lotería, se sorteaban los vocablos y los miembros de la mentada academia procedían a leer las frases que se transcribían, de ese modo, en las páginas de los libros. Durante seis horas diarias los estudiantes se dedicaban a esta actividad y el profesor me mostró varios volúmenes en gran folio, en los que se habían reunido frases truncas que pensaba completar y unir, y con todo