Agenda Cultural UdeA - Año 2006 FEBRERO | Page 36

ISBN 0124-0854
N º 118 Febrero de 2006 conseguir a través de mi erudición y podrás conocer las fábulas antiguas. No habrás de mirar en las páginas de Homero, ni en la elegía, ni en la musa trágica, ni en la poesía mélica, ni buscar en la obra sonora de los poetas cíclicos, sino sólo mirarme y encontrarás en mí todo lo que contiene el mundo. 1 Ese afán inagotable por condensar todo el saber de los hombres en un solo lugar, sea en la propia obra, como es el caso de Apolodoro o, como lo fue para los fundadores de la Biblioteca de Alejandría, al pretender reunir todos las copias de libros escritos en el orbe— en tablillas, en rollos de papiro o pergaminos— distingue la desmesura propia de los bibliófilos o amantes de la palabra escrita.
Una pasión llamada biblioteca Los Ptolomeos, en particular Filadelio, reyes de Egipto y fundadores del Mouseión con su Gran Biblioteca en Alejandría, realizaron esfuerzos asombrosos para la adquisición de libros. Su propósito fue el de agrupar toda la literatura escrita en la antigüedad. La ― Carta de Aristeo ‖, del siglo II a. C. nos brinda el testimonio más vivaz de esa fiebre devoradora por los libros. El autor afirma: Demetrio de Falero( el encargado de las compras en Grecia) recibió sumas importantes para la adquisición, en la medida de lo posible, de todos los libros existentes en el mundo. Mediante compras y
transcripciones, logró cumplir la voluntad real hasta el límite de sus posibilidades. Yo estaba presente cuando se le preguntó:“¿ Cuántas decenas de miles de volúmenes hay?” Respondió:“ Más de veinte, majestad, pero voy a realizar todas las diligencias necesarias para llegar a los quinientos mil. 2 Pasión desmedida, decía, fiebre bibliográfica. Pudieron llegar a 700.000 las obras reunidas en la Biblioteca de Alejandría; se compraban, se requisaban de ― los fondos de los barcos ‖, se confiscaban, se solicitaban a los gobernantes de otras latitudes para que los escribas procedieran a su copia, los correctores a comentar los textos; aunque no siempre— como suele suceder aún en la actualidad— los originales eran devueltos. En todo caso, a la par de los libros, en el Mouseión, aledaño a la Biblioteca y ambos ubicados en los palacios del rey, se convocaron a los más grandes maestros, filósofos y sabios de la época para impartir sus enseñanzas. La ciudad fundada por Alejandro Magno, Alejandría de Egipto, fue, durante varios siglos, el lugar más importante y más alto de las ciencias y las artes para el mundo antiguo. En ella se concentró el legado de la Grecia clásica y del helenismo. Pero las pretensiones iban más lejos... Un diálogo entre Juan el gramático y el sultán Amr, en el primer siglo de la hégira musulmana( siglo VII d. C.) nos ilustra