ISBN 0124-0854
N º 118 Febrero de 2006 escritos( los meramente reales) en un solo sitio, nuestra atención se vuelca al recuerdo de la Biblioteca de Alejandría, su múltiple destrucción por el fuego( la primera, parcial fue provocado por el ejército de Julio César, la definitiva, como vimos, por orden del califa Omar). Jorge Luis Borges le consagró un poema perteneciente al libro Historia de la noche y que aquí se reproduce:
Alejandría, 641 A. D. Desde el primer Adán que vio la noche y el día y la figura de su mano, fabularon los hombres y fijaron en piedra o en metal o en pergamino cuanto ciñe la tierra o plasma el sueño. Aquí está su labor: la Biblioteca. Dicen que los volúmenes que abarca dejan atrás la cifra de los astros o la arena del desierto. El hombre que quisiera agotarla perdería la razón o los ojos temerarios. Aquí la gran memoria de los siglos que fueron, las espadas y los héroes, los lacónicos símbolos del álgebra, el saber que sondea los planetas que rigen el destino, las virtudes de hierbas y marfiles talismánicos, el verso que perdura la caricia, la ciencia que descifra el solitario laberinto de Dios, la teología, la alquimia que en barro busca el oro y las figuraciones del idólatra. Declaran los infieles que si ardiera,
ardería la historia. Se equivocan. Las vigilias humanas engendraron los infinitos libros. Si de todos no quedara uno solo, volverían a engendrar cada hoja y cada línea, cada trabajo y cada amor de Hércules, cada lección de cada manuscrito. En el siglo primero de la Hégira, yo, aquel Omar que sojuzgó a los persas y que impone el Islam sobre la tierra, ordeno a mis soldados que destruyan por el fuego la larga Biblioteca, que no perecerá. Loados sean Dios que no duerme y Muhammad, Su Apóstol 9
Alberto Ruano Miranda. S ociólogo.
Docente de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y de la Universidad Central. Este a rtículo fue publicado en ― La Tadeo ‖ N º 65,
Fundación Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano UJTL, primer semestre
2001. Publicación en la Agenda Cultural autorizada por el Autor.
Notas 1 Según el resumen del patriarca Focio, de Bizancio, quien además dio nombre al libro de Apolodoro, como Biblioteca, es decir, en este caso: ― una obra que puede ser utilizada como una especie de biblioteca ‖.
2 Transcrito por el historiador árabe Mustafá El-Abbadi en su libro La antigua Biblioteca de Alejandría. Vida y destino,
Unesco, París-Madrid, 1994, pág. 103.