ISBN 0124-0854
N º 124 Agosto de 2006
“ Ejercicios de normativa”
Fragmentos de Jaime Alberto Vélez
Los derechos del animal
En un paraje habitado por numerosos animales salvajes, una rana se dedicó a cantar los derechos del animal a fin de que, tarde o temprano, en aquel lugar todos llegaran a convivir en paz.
Y, a decir verdad, tan significativos habían sido los adelantos en esta materia en los últimos días que, una boa, a pesar de su apetito incontenible, esperó que la rana cantara el derecho elemental a la alimentación, para engullírsela.
El primer precepto
Las ranas mayores siempre me inculcaron el amor a los demás, como la primera de las virtudes. A mí, empero, me había quedado fácil cumplir con este precepto en un estanque habitado sólo por mi propia familia, y por uno que otro conocido. De modo que, cuando salí por fin al mundo exterior, creí encontrar la oportunidad de probar de veras mi virtud, acercándome a un voluminoso toro que, maleducado o distraído, nunca lo supe, terminó por ponerme encima una de sus patas.
Avances de la vida civilizada
El rebaño designó una comisión de ovejas para pactar con el lobo algunas normas de convivencia. El lobo estuvo de acuerdo en conservar tal procedimiento en lo sucesivo, pues un envío como aquel facilitaba su comportamiento y evitaba el dramatismo de la persecución y de la cacería, además del desborde excesivo de emociones entre las ovejas sobrevivientes. Se trataba, en suma, de un avance propio de la vida civilizada, a la cual unos y otros— dijo el lobo en un alarde de buenos modales— deberían acogerse tarde o temprano.
* Jaime Alberto Vélez González( 1950-2003). Fragmentos tomados de Un coro de ranas( Medellín, Universidad de Antioquia, 1999) y Bajo la piel del lobo( Bogotá, Ministerio de Cultura, 2002).