ISBN 0124-0854
N º 120 Abril de 2006 al compás de un genio de sus iridiscentes y monolíticas características. Quiso Goethe estar a la altura de su época, que comprendía como síntesis de las anteriores, y elevarse sobre ella en forma proyectiva. Acumuló un inmenso saber, asimiló una tradición cultural múltiple, y como queriendo pagar una deuda acumulada, les devolvió a los franceses lo que él tomó de Voltaire, Rousseau y la Enciclopedia; a los ingleses lo que tomó de Shakespeare; a los italianos lo que tomó de la Roma clásica y del Renacimiento; al pasado y su presente alemán lo que admiró en la tradición protestante y en sus antecesores inmediatos. A esto llamó un diálogo mutuamente provechoso, un dar y tomar mutuo, de la literatura nacional con la literatura universal.
Se especuló mucho, sobre todo a raíz de la biografía de Friedrich Gundolf( 1916), en esa rara naturaleza que conjuga vida, época y obra que hizo de este super-hombre una Gestalt, una figura que se labró lentamente, con un tempo a plena conciencia, en que el azar y la necesidad, el propósito conciente y la contingencia histórica, dieron el postrer resultado de una historia cultural que, partiendo de los místicos medievales como Meister Eckhart y pasando por Lutero, Leibniz o Lessing, desemboca en el hijo de la orgullosa ciudad imperial de Francfort. Pero también un tipo humano que pasa, como lo percibió Thomas Mann, por una línea genealógica rapsódica 2: la de la serie de tenderos, menestrales, artesanos que tejen una
trama silenciosa y anónima que, un feliz día, favorecido por una constelación venturosa— ― en que el Sol se hallaba en el signo de Virgo ‖ y donde Júpiter, Saturno, Marte y la Luna tomaron su parte— pare en el mediodía caluroso del 28 de agosto de 1749 a un niño medio muerto, que llevará el nombre de Johann Wolfgang y el apellido burgués de Goethe. Se concibió Goethe como un destino excepcional con una órbita definida, trazada en el espacio inmenso de una constelación histórica excepcional.
Goethe es llamado el Júpiter de Weimar. Pero ¿ de qué clase es esta naturaleza olímpica? ¿ Qué naturaleza de sangre divina circula por la venas en el poeta, también ― humano demasiado humano ‖? Dejemos que sea otro gran poeta alemán, Heinrich Heine, quien nos identifique con su incomparable agudeza e ingenio, la estatura del gigante de quien nos hemos atrevido a hablar aquí: ― Este gigante era el ministro en un Estado enano; no tenía libres sus movimientos. Decíase que el Júpiter olímpico que Fidias representó sentado, destrozaría la bóveda del templo si se le ocurriera levantarse. Ésa era exactamente la posición de Goethe en Weimar. Si, queriendo dejar de estar encogido, se hubiera enderezado con toda su altura, hubiera destrozado la techumbre del Estado, o, lo que es más verosímil, se hubiera roto la cabeza … El Júpiter alemán permaneció tranquilamente sentado, dejándose adorar e incensar tranquilamente ‖. 3