ISBN 0124-0854
N º 109 Abril 2005 años de 1602 y de 191B, ser Miguel de Cervantes. Pierre Menard estudió ese procedimiento [ sé que logró un manejo bastante fiel del español del siglo diecisiete) pero lo descartó por fácil. iMás bien por imposible! dirá el lector. De acuerdo, pero la empresa era de antemano imposible y de todos los medios imposibles para lIevarla a término, éste era el menos interesante. Ser en el siglo veinte un novelista popular del siglo diecisiete le pareció una disminución. Ser, de alguna manera, Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo porconsiguiente, menos interesante-que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote, a través de las experiencias de Pierre Menard. [ Esa convicción, dicho sea de paso, le hizo excluir el prólogo autobiográfico de la segunda parte del Don Quijote. Incluir ese prólogo hubiera sido crear otro personaje--Cervantespero también hubiera significado presentar el Quijote en función de ese personaje y no de Menard. Éste, naturalmente, se negó a esa facilidad.) " Mi empresa no es difícil, esencialmente " leo en otro lugar de la carta. " Me bastaría ser inmortal para lIevarla a cabo." ¿ Confesaré que suelo imaginar que la terminó y que leo el Quijote todo el Quijotecomo si lo hubiera pensado Menard? Noches pasadas, al hojear el capitulo XXV1-no ensayado nunca por élreconocí el estilo de nuestro amigo y como su voz en esta frase excepcional: las ninfas de los ríos, la dolorosa y húmida Eco. Esa conjunción eficaz de un adjetivo moral y otro físico me trajo a la
memoria un verso de Shakespeare, que discutimos una tarde: Where a malignant and a turbaned Turk... ¿ Por qué precisamente el Quijote? dirá nuestro lector. Esa preferencia, en un español, no hubiera sido inexplicable; pero sin duda lo es en un simbolista de Nimes, devoto esencialmente de Poe, que engendró a Baudelaire, que engendró a Mallarmé, que engendró a Valéry, que engendró a Edmond Teste. La carta precitada ilumina el punto. " El Quijote ", aclara Menard, " me interesa profundamente, pero no me parece ¿ cómo lo diré? inevitable. No puedo imaginar el universo sin la interjección de Edgar Allan Poe: Ah, bear in mind this garden was enchanted! o sin el Bateau ivre o el Ancient Mariner, pero me sé capaz de imaginario sin el Quijote. [ Hablo, naturalmente, de mi capacidad personal, no de la resonancia histórica de las obras.) El Quijote es un libro contingente, el Quijote es innecesario. Puedo premeditar su escritura, puedo escribirlo, sin incurrir en una tautología. A los doce o trece años lo leí, tal vez íntegramente. Después, he releído con atención algunos capitulas, aquellos que no intentaré por ahora. He cursado asimismo los entremeses, las comedias, la Galatea, las Novelas ejemplares, los trabajos sin duda laboriosos de Persiles y Segismunda y el Viaje del Parnaso... Mi recuerdo general del Quijote, simplificado por el olvido y la indiferencia, puede muy bien equivaler a la imprecisa imagen anterior de un libro no escrito. Postulada esa imagen [ que nadie en buena ley me puede negar) es