ISBN 0124-0854
N º 105 Noviembre 2004 se difunde la dulce voz del almuédano con sus jaculatorias. Un segundo disparo resuena desde el Palacio Abbasí. Al idier; al iftar, clama el gentío, y una explosión de regocijo se extiende por la ciudad ". Hoy Hágga Fatma o la " peregrina Fatma "-como se designa familiarmente al cañónno dispara ya desde la ciudadela sino desde un campo de deportes vecino al macabro de Qair Bey. Pero los efectos son asimismo milagrosos e instantáneos: las voces de Allahu Akbar dan al punto la señal convenida, lo mismo en el ámbito de las familias que en los restaurantes y cafés. A diferencia del Magreb, en donde los fieles suelen romper la abstinencia diurna con un desayuno ligero, los cairotas prefieren un menú más enjundioso y rico: entremeses( de ordinario sabrosos platos variados), infinidad de pasteles y dulces de leche en los que se reconoce fácilmente la huella de la exquisita comida turca. Mientras las familias aprovechan la ocasión para reunirse y charlar con sus vecinos amigos entre bocado y bocado, los clientes de los figones cairotas de los alrededores de la Gamaa Husein ofrecen un cuadro más ajetreado y vivo: parejas con su prole, soldados voraces, compadres que despachan velozmente las bebidas y manjares que les sirven los camareros en medio de una increíble confusión de voces, llamadas y risas. Una vez concluido el festín los empleados retiran con igual celeridad las mesas invasoras del espacio públ ~ co y devuelven éste a la masa de peato esperando la hora de la recena y repetición vertiginosa del rito. Al silencio y
tensión de las últimas horas del día sucede una atmósfera de euforia locuacidad. Las calles amodorradas se reaniman; después de haber restaurado sus fuerzas, los comerciantes abren sus tiendas; el tráfico pasajeramente fluido y fácil deviene denso y anárquico; las ace son ocupadas por un ruidoso ejército peatonal sin grados ni jerarquías ma fiestamente excitado y dichoso. Los cafés de Jai el Jalili y los alrededores de la mezquita de Husein se llenan de ociosos, paseantes, familias, apacibles fumadores de narguile. El humor festivo de la expansión nocturna resarce de los rigores del día y abre un paréntesis de alegría hasta el disparo del cañón del alba. Entre el desayuno y recena, numerosos cairotas se reúnen en domicilios privados o cafés a escuchar la música de Ramadán. La tradición religiosa islámica aconseja el retiro espiritual en las nueve últimas noches del mes sagrado: los hombres devotos se abstienen entonces de todo contacto con sus esposas y se recogen a orar y meditar en las mezquitas. Según consta en los manuscritos aljamiados, nuestros mariscos seguían dicha práctica y la denominaban novena. En algunas aljamas de El Cairo, como las de Husein y Sayida Zineb, la afluencia nocturna de fieles crea un extraordinario bullicio hasta la oración del alba: al despertar el día, madrugadores apresurados y piadosos noctámbulos se desperdigan en dirección a sus domicilios y centros de trabajo por cuatro puntos cardinales de la capital. carácter sagrado del mes se debe prirdialmente al hecho de que,