ISBN 0124-0854
N º 105 Noviembre 2004 mixto, la maestranza y una profusión de disfraces individuales que se acentúan en las localidades urbanas. Pero el transporte cultural de tradiciones dentro del carnaval es continuo. Aparece una fauna danzante con la exuberancia de pájaros: galeras, cucambas o garzas, coyongos; culebras, micos, caimanes, jaguares, perros, toros, insectos. Algunos llegan al carnaval después de haber hecho parte de fiestas religiosas en pueblos y poblados. Así la fiesta del caimán es parte de esa fauna danzante. Se celebra en Plato, Ciénaga, Mompox y también en Barranquilla. Y los indios farotos que danzan en Barranco de Loba, Chimichagua y Mompox, también van a Barranquilla.
El paraíso en la tierra
Hasta hace pocos años a finales de junio, en Reventones, una vereda de Anolaima en Cundinamarca, la reconstrucción de un paraíso de frutas y legumbres sobre estandartes de guadua, empezaba a sentirse en las madrugadas húmedas. Campesinos arriaban sus yuntas de bueyes arrastrando cañas de guadua. Subían la ladera hasta el poblado días antes de la fiesta, descargaban, regresaban a su tierra y volvían a subir con los bultos de naranjas, piñas, mangos, maracuyá, plátanos, guatillas, auyamas, calabazas, mazorcas de maíz. Construían con la guadua troncos de árboles imaginarios de los que colgaban toda clase de frutas frescas. Un árbol detrás de otro, a lo largo de la calle principal
del pueblo, dibujaba la huerta urbana en medio de la cual desfilaría la procesión del Corpus Christi al compás de música de una banda de viento. Esta fiesta, que es propia de toda la región de Anolaima, es también reminiscente de otras como las de Natagaima y Guamo en el Tolima, o como la de Tibacuy en Cundinamarca, que según Josefa Acevedo de Gómez se celebraba en 1836. Sólo que allí levantaban arcos con raíces, legumbres y hortalizas, de los cuales también colgaban sus animales si ~ vestres: conejos, armadillos, zorros, comadrejas. Al fin y al cabo todos estos paraísos siguen reflejando las