Agenda Cultural UdeA - Año 2004 NOVIEMBRE | Page 15

ISBN 0124-0854
N º 105 Noviembre 2004 celebraciones aborígenes que en honor al sol tenían lugar en el mundo precolombino, el de los Andes o Amazonía, el del Caribe y el del manglar y selva en el litoral Pacífico. Las cuales, añadidas a las fiestas cristianas, les permitieron a indios y a sus descendientes con blancos y con negros preservar su homenaje a la tierra como madre. Otro homenaje es el desfile de silleteros en Medellín, que de acuerdo con Edgar Bolívar, a partir de 1957 inicia el proceso de fundición de la vieja tradición de transporte por trochas, y el culto floral que desde los primeros años de la república empezó a consolidar en Antioquia un perfil de su región. A los silleteros en la colonia también se les conoció como faquines, silleros, peones de tercio, bestias de carga, cargueros, caballitos, estriberos y, al comienzo, simplemente como indios. Recorrieron muchas trochas, siendo las más importantes la de Santa Fe a Honda por Villeta; de La Plata por el páramo de Guanacas a Popayán; de Santa Fe por Tocaima y el páramo del Quindío al Valle del Cauca; por Nare y Rionegro a Antioquia; por Tunja, Socorro, Girón y Pamplona a Mérida en Venezuela; por Cali pasando por la cordillera al río Dagua que conducía a Buenaventura. y como si fuera poco, de Barbacoas a Túquerres e Ipiales en Nariño y los selváticos pasos de Nóvita en el Chocó, o el de Sonsón a Santa Fe en Antioquia. De esta suerte, no se le puede adjud ~ car a Antioquia la exclusividad de la tradición, pero sí la evocación histórica que de ella hace en un
desfile de fragancias y colores frescos de jardines campesinos y de invernaderos industriales de flores. Cada silleta narra una pequeña o gran historia. En la representación de la silleta original dibujan la tradición de vender flores en ramilletes en las calles de Medellín; en la llamada emblemática el éxito de un deportista; en las conocidas como monumentales, la critica a un funcionario corrupto. Algunas de éstas alcanzan a pesar setenta kilos. Su mayor momento poético lo alcanza cuan do el viento zumba por entre las calles y el silletaro luce como una cometa de pétalos. Cada año la celebración intensifica el sentimiento regional del ser antioqueño. Los cuatrocientos silleteros o más, hombres y últimamente también mujeres, desfilan con sus fardos de colory aroma. Asumen la proyección simbólica de Medellín como una urbe de eterna primavera, orgullo de la región antioqueña. En medio de danzas, música de tunas y de chirimías, de bandas de guerra y de sirenas, construyen el espejo mágico de un paraso atrapado en una silleta floral. Villa de Leyva, la ciudad colonial fundada en 1572 por mandato de Andrés Díaz Venero de Leiva, pri mer presidente del Nuevo Reino de Granada, en su tiempo fue sitio de descanso de virreyes, arzobispos, oidores, cronistas, poetas y hasta próceres de la independencia. Actualmente, su plaza mayor, con catorce mil metros de superficie, es el escenario de una fiesta celestial movida por los vientos de agosto. En 1994, Carlitos Pisa, de doce años, oriundo de la región, echó al cielo su cometa hexagonal