Agenda Cultural UdeA - Año 2004 NOVIEMBRE | Page 13

ISBN 0124-0854
N º 105 Noviembre 2004 vírgenes, o aquellas con palios, como las del Corpus Christi. Negros e indios deslizaron a sus dioses y creencias bajo las aureolas de los santos y al pie de las cruces en las procesiones. y es precisamente esta urdimbre cultural la que viene a enriquecer la trama del carnaval introducido por los europeos. El carnaval constituyó una fiesta distinta, nueva. No se paseaban santos ni se exigía persignarse arrodillándose a su paso. Pero siendo una ceremonia de propiciación de la vida, de evocación de fertilidad, dio cabida a rituales o elementos de procedencia aborigen y negro africana. En este paso del ritual sagrado al ceremonial profano hacia la confluencia cultural se desvanecieron muchas diferencias en los status de los ritos originales de las etnias. Y la situación fue propicia a la transgresión de normas, una de las calidades del carnaval: el pordiosero puede convertirse en rey y el gobernante se oculta debajo de un capuchón; danzas de pájaros de las etnias aborígenes cruzan umbrales sagrados de sus ritos y acuden al carnaval como espectáculo profano. Es así como tradiciones locales y expresiones individuales festivas, propias de contextos religiosos, viajaron transformadas en mundanas hacia poblados y ciudades. Las rutas festivas llevaron entonces a grupos de danzantes por pueblos, caseríos y ciudades encendiendo música y disfraces en caravanas de alegría. El Banco, a orillas del río Magdalena, por ejemplo, fue lugar de concentración de danzas de poblados vecinos como Guamal, Chimichagua, Los Negritos,
Tamalameque, Tamalamequito, Chiriguaná, Curumaní y Zapatosa. A Santa Ana llegaron navegando y por tierra danzas de negros de Guataca; de Mechinguejo y Santa Ana viajaron grupos de gallegos hasta el corregimiento de Talaigua. Mientras que Talaigua envió a Mompox su danza de indios. Barranquilla, por su parte, se convirtió en el imán. Atrae y concentra las tradiciones étnicas de negros, indios y campesinos, y rebosa el proceso de asentamiento histórico del carnaval vernáculo que se había iniciado en las ciudades coloniales de Cartagena, Mompox y Santa Marta. Así, en 1B76, en Barranquilla se leyó un bando para hacer oficial la fiesta que se erigió en un emblema de orgullo cultural nacional. Desde luego que como un perfil de evolución de la ciudad, la historia del asentamiento del carnaval en Barranquilla es también una historia de inmigración rural y urbana acontecida a lo largo de muchos decenios, por carninos de agua y tierra. Y el río Magdalena, que desempeñara papel protagónico en el surgimiento de la ciudad, se convirtió en el eje carnestoléndico del Caribe colombiano. En el área ribereña del Magdalena no faltan tradiciones que se celebran en un solo lugar y otras que hacen parte de la memoria de varios pueblos. En poblados y ciudades del río, por ejemplo, abunda la evocación del caimán, de los pájaros coyongos, de los indios " bravos " o de los negros cazadores de tigres. En tanto que en los poblados costeros parecen más frecuentes la danza de congos, la del palotea