ISBN 0124-0854
N º 105 Noviembre 2004 lloraba, bramaba otro como tigre, otro gruñía, otros remedaban a las aves...." Juan de Castellanos también anota detalles del comportamiento ceremonial indígena en su crónica poética: "[... ] a compás de sus roncos tambores escuadras ordenadas por hileras como suelen cursados guerreadores [... ] unos de ellos con picas en las manos, otros, dorados arcos y carcajes, muy gallardos los mozos y los canos sobre diademas de oro sus plumajes y a su modo tan puestos y galanes ". El desempeño festivo de los aborígenes precolombinos también ha llegado hasta nosotras gracias a la investigación arqueológica reciente que describe, por ejemplo, cómo al sur de Colombia, entre los indios pastos, a los personajes de la élite cacical se les el " lt.& rraba con los honores de una música de Hautas de pan y cascabeles de oro. La fastuosidad de la fiesta entre los vivos es imaginable al encontrar que además, en las tumbas, los caciques se hacían acompañar de un séquito de entierro con más de diez personas, vestidos todos con telas bordadas con plaquitas de oro y collares de cuentas de la resina mopa-mopa, aparte de otras parafernalias de utillaje para el viaje. Con todo, las obras de los cronistas no contribuyeron a crear una imagen del indio con trascendencia histórica y cultural. Por el contrario, sus tradiciones y su cotidianidad fueron vistas y definidas como engendras diabólicos y productos de barbarie.
Rutas y confluencias de las fiestas
Claro que cuando quiera que hubo la ocasión, indios y negros y aquellos provenientes del encuentro de europeos, aborígenes y descendientes de africanos entraron al tablado de las fiestas. Fueran ellas religiosas con