Agenda Cultural UdeA - Año 2004 MAYO | Page 13

ISBN 0124-0854
N º 96 Febrero 2004 claridad que, cualquiera que sea su opinión política, la ciudadanía no está dispuesta, por una cuestión de principios, a admitir en el futuro prácticas que ponen en peligro la credibilidad democrática. Y todo ello, expresado en el lenguaje que corresponda: el económico( euros 1 en unos casos; el político( votos) en otros, a partir de intervenciones en acción conjunta con otras instituciones que comparten estos puntos de vista, mediante escritos, declaraciones en los medios, etc., porque no podemos aparecer indefensos y silentes cuando se dirimen, como antes decía, cuestiones de principio, cuando se están conculcando valores-como en el caso de la " guerra preventiva " o modificando funciones cruciales a escala mundial, como en el caso del sistema de las Naciones Unidas. Quienes callan, cuando su conciencia les reclama hablar; no sólo están defraudando a quienes confían en ellos, sino, lo que es peor todavía, están aplazando-con posibles implicaciones de gran calado y quizás irreversibles la consolidación de la democracia a escala nacional y mundial, el cumplimiento del artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos para reducir los desgarros en el tejido social de la humanidad en su conjunto, para estrechar las brechas y asimemas que han conducido a la situación actual y que se tratan de resolver; como siempre infructuosamente, por la fuerza. Cuando se pretende utilizar a las Naciones Unidas según convenga a los intereses de los más poderosos, cuando se reduce la ayuda a la
cooperación internacional, cuando no se cumplen las previsiones de inversión en educación y ciencia, cuando se soslayan las normas que garantizarían la adecuada conservación del medio ambiente-un patrimonio que corresponde por entero a las generaciones venideras-, cuando se confunden los efectos con las causas, cuando se resucitan los fantasmas del pasado, cuando se divide en lugar de aglutinar... los ciudadanos no pueden ser sólo testigos resignados. Bien al contrario, deben ser conscientes de su poder y estar permanentemente alerta. Las democracias, tan vulnerables cuando carecen de principios universales comúnmente aceptados, tan vulneradas hoy, deben recuperar su piedra angular y edificarse sólidas o consolidarse, sin ceder un ápice a las conveniencias del poder. Democracia es estar a la escucha de la voz del pueblo y respetar siempre, después del voto, la intención que lo guio. De otro modo, se cercenan los cimientos de la convivencia pacífica por intereses inmediatos. Uno de los pilares fundamentales es la independencia de criterio, es la capacidad de elección sin el acoso del omnímodo poder mediático. Siempre se ha vivido en un contexto de violencia e imposición, en el que los péndulos van de un extremo a otro en un círculo vicioso regulado por la fuerza que dimana del poder. El pueblo no ha contado porque no podía acceder a los aledaños de los mandatarios. Ahora que ya dispone de los medios para hacerlo, no debe permitir que se le distraiga, se le ofusque, se le aturda, se le disuada. Han