Agenda Cultural UdeA - Año 2004 FEBRERO | Page 32

ISBN 0124-0854
N º 96 Febrero 2004 un solista, el coro y el acompañamiento del toque de percusión y el palmoteo. Una tradición que, según John Storm Roberts, ya era rara en el viejo continente cuando la música europea y la de África se encontraron en el nuevo mundo, y que además buscó refugio en la expresión religiosa dentro del culto católico. Fenómeno de adaptación perceptible en las fiestas coloniales de San Sebastián y en las de La Candelaria en Cartagena, cuando salían los negros en sus procesiones y con sus tambores, y que en otros sitios también se observa fuera del carnaval, por ejemplo en los trisagios del antiguo Palenque de San José del Uré, en el departamento de Córdoba, o en los chigualos o cantos funerarios a los angelitos o niños difuntos en la costa del Pacífico. Claro que, cuando se habla de expresión africana, no cabe interpretarla de manera monolítica, porque el mundo africano siempre ha variado de etnia a etnia. Además, antes de su contacto con Europa en el siglo XV, recibió la influencia musulmana. Según Roberts, esa influencia no fue tan grande en Nigeria y Ghana, donde los tambores y la percusión compleja de grupo son el idioma del bosque, ni en la zona congo-angolesa de donde proviene la marimba. Pero sí fue importante en la zona sabanera del occidente africano, de la cual muchos negros llegaron a Colombia, particularmente en el siglo XVI. Los tambores de la danza de congos, su forma cónica, su monomembrana, los temples del parche con ataduras de cabuya y cuñas
adosadas, pueden asimilarse a los tambores africanos. Claro que los estudios etnomusicológicos del carnaval todavía no han respondido acerca del significado de los distintos toques de tambor que utiliza cada danza de congos. Se sabe que hay un toque de casa y un toque de calle. Además, cada danza tiene sus propios toques. ¿ Pero qué es lo que dicen los tambores cuando percuten y qué cuando se quedan silenciosos? Porque el lenguaje del tambor constituyó una de las posibilidades de comunicación que los esclavos trajeron del Africa, donde aún sigue cumpliendo tal función. Además, es depositario de una tradición que, interpretada como si fueran jeroglíficos sonoros, los científicos en Costa de Marfil se hallan en camino de descifrar. En cuanto a la música de otras danzas que se consideran medulares en el carnaval, no puede dejar de mencionarse la de la cumbia, donde también confluyen, de acuerdo con Delia Zapata, tanto elementos africanos como aborígenes y españoles. Aquiles Escalante menciona como instrumental auténtico de la cumbia el siguiente: una tambora o bombo, dos tambores troncocónicos, guache, maracas y flauta. Los tambores y el guache, de origen africano. Este último hecho de hojalata de forma cilíndrica, con agujeros y lleno de semillas. Y las maracas, tal vez indígenas, si bien en África los museos muestran la existencia de sus maracas desde tiempos inmemoriales, una variedad de las muchas que fabricaban con diversos materiales. De