ISBN 0124-0854
N º 96 Febrero 2004
Gossaín se tomó el trabajo de contar los noventa y dos picós que funcionaban en Barranquilla en 1979 y consiguió sus nombres, que iban desde El Gran Santana y el Gran Batuka hasta El Gran Cherif, El Gran Fidel y el Gran King-Kong. Naturalmente que el picó suena en las verbenas. Los llamados clubes sociales lugares para diversión de la masa, sin ínfulas de exclusividad, que consisten en casetas con picós- tocan música antillana, salsa y hasta auténticos ritmos africanos. Ello, por supuesto, forma parte de la dinámica de elaboración, cambio y recreación de la festividad. Pero el carnaval ha tenido sus preferencias y definiciones musicales, que han cambiado con el tiempo y las circunstancias sociales de la ciudad. Porque a comienzos de siglo, en 1922, era impensable que una cumbia fuera a bailarse-como se hace en la actualidaden los recintos de la alta sociedad, donde el vals, el fox-trot y la llamada danza eran las piezas que ejecutaba la orquesta del club ABe. En 1954 el compositor Manuel María Peña loza, que de niño había escuchado un toque con la Danza del Garabato, hizo una canción con ese ritmo, le puso la letra de un poema escrito por el español Mariano San IIdefonso, y con el título de Te olvidé alcanzó tal éxito que se convirtió en el himno del carnaval. El mismo maestro Peña loza definiría años más tarde el
himno como la expresión de Nosotros, significando con ello, no solamente la nación, sino el folclore del carnaval mismo: letra de un español, toque de una danza negra y un dejo de lamento de gaita india en la tonada de
las trompetas. Así mismo, quienes han estudiado la música tradicional que participa con las danzas de congos, con el paloteo y con las danzas de indios o con las cumbiambas y la danza del caimán y toda la extraordinaria constelación de ritmos folclóricos, encuentran que ella recoge un
nuevo ser |
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colombiano. |
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aborigen con el de |
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inmigrantes en el nuevo |
mundo, surgieron nuevas |
formas, viejos instrumentos con innovaciones, ritmos con colores del trópico y visiones autóctonas poéticas. Margarita Abello, Mirta Buelvas y Antonio Caballero han sintetizado los trabajos de un número de estudiosos de la música de América Latina y el Caribe en su relación con las etnias aborígenes de África y del nuevo mundo, mostrando también el acento de los patrones ibéricos. Ofrecen el ejemplo de unas coplas de la danza del Congo Grande, donde la estructura española del verso clásico sobrevive, aunque claramente influida por la tradición africana musical del diálogo entre