ISBN 0124-0854
N º 96 Febrero 2004 sucesivamente de las comparsas de chiquillos a las de adolescentes, a la de solteros, a la de casados, hasta llegar a las integradas por sexagenarios y aún de mayor edad. La participación de las clases altas en la Batalla de Flores se da en el desfile de la reina del carnaval y de cada una de las capitanas de los clubes que pasean en sus carrozas, alrededor de las cuales bailan los conjuntos de danzas folclóricas de los barrios, y el arte popular exhibe sus creaciones de disfraces individuales. Escasas comparsas de club desfilan en esta ocasión, salvo algunas cumbiambas y a veces la Danza del Garabato. Estas batallas de flores, convertidas en marchas rutilantes de músicos, enmascarados e ingenio espectacular, son gigantes y cada año muestran el crecimiento de la ciudad, a veces la participación de reinas internacionales, y siempre el dominio de las firmas comerciales que patrocinan las carrozas y las candidatas populares de los barrios, acompañadas de sus grupos de danzas y de músicos. El domingo de carnaval se realiza la Gran Parada. Como su nombre lo indica, al contrario de la víspera, cuando el despliegue de carrozas tiene carácter vertebral, todos los participantes danzan y avanzan a lo largo de varios kilómetros en un desfile a pie, controlado a lo largo de las calles por un cordón de público embriagado de color y música y cubierto de harina, la gran diversión callejera. Este desfile le permite a un comité evaluador de folclore y de arte popular carnestoléndico emitir su
juicio para premiar con dinero las distintas categorías de danzas y disfraces: Danzas grandes, medianas y pequeñas; disfraces de comparsas, y las innovaciones, así como los eternos del carnaval: la muerte, Cantinflas, Mandrake, el hombre vestido de mujer, Tarzán, el hombremono, y los monstruos de variados pelambres: insectos, mamíferos, lagartos de tela, cartón, o [ electrónicos! Música Hace casi diez años el escritor David Sánchez Juliao declaró que, después de haber buscado el carnaval de Barranquilla durante dos años, lo había encontrado en las verbenas de barrio animadas con picó. Y señaló al pick-up como la cara oculta del carnaval. Pocos años después Gossaín, definiría al picó,
otro escritor, Juan con toda la vehemencia de su expresión caribeña, como el alma y nervio del carnaval. El picó, al decir de Sánchez Juliao, constituye casi una emisora ambulante sin torre de transmisión, que hace girar discos de música popular de moda. Una vez yo misma vi llegar un camión a Palenque, y un grupo de no menos de veinte hombres que bajaban una caja enorme, con dibujos de guacamayas, papayas y lleno de danzarines y palmeras. Ahí me dijeron que eso era un picó para el baile de esa noche. Su sonido resultó tan potente, que ahogó las trompetas de bronce de la banda papayera que tocaba en la plaza frente a la iglesia de San Basilio. La cumbiamba que giraba a su alrededor no duró mucho y todos los jóvenes fueron a parar al estruendoso baile de picó que duró hasta las cinco de la madrugada.