Agenda Cultural UdeA - Año 2004 FEBRERO | Página 27

ISBN 0124-0854
N º 96 Febrero 2004
Además, el caso de la Danza del Garabato es un ejemplo de la movilidad social de una vieja expresión folclórica del campesino que anda con un palo en forma de gancho y con él " puya " el burro y se ayuda en el monte. Pues bien, al menos desde 1 938, Emiliano Vengoechea Diazgranados y un grupo de 18 parejas la instauraron en un club. En 1943 ya existía la junta organizadora del carnaval, elegida por la asamblea departamental e integrada por seis miembros. El desenvolvimiento de la ciudad continuaba a un ritmo superior al del decenio precedente. Dentro de su ampliación territorial, el crecimiento de Rebolo, desequilibrado en comparación con otros sectores de la ciudad, atrajeron la atención de periódicos locales, que reclamaron el " saneamiento " del barrio, considerado cuna de expresiones folclóricas. En efecto, allí se originaron las danzas de El toro grande, El garabato, Los pájaros, El torito, La cañaza de Barranquilla, Las ánimas de Rebolo y las cumbias Brisas de las nieves y La revoltosa. El barrio se ha granjeado el reconocimiento cariñoso de los barranquilleros como médula y crisol de las manifestaciones que poco a poco le han cambiado la faz al carnaval, transformándolo de celebración elitista en
jolgorio popular, extrovertido y exuberante. En 1977 Alfredo de la Espriella, escritor y narrador de las tradiciones de Barranquilla, tanto de las clases dominantes como de las populares, relató su participación en el nuevo giro que tomó el carnaval a raíz de las publicaciones de prensa sobre los problemas del barrio Rebolo. Fue él quien en 1943 sugirió iniciar un reinado en los barrios, con la idea de lograr una participación más cabal de sus habitantes en las fiestas de la ciudad, incorporándole un elemento análogo a los de la élite: una reina. Participarían dieciocho barrios. Cada candidata capitanearía una danza y así se estimularían las tradiciones populares de Rebolo y otros barrios. Además, la reina saldría elegida de acuerdo con el número de votos que pudiera acumular. Como cada voto valía una suma de dinero, se lograría la movilización de los barrios. Ese momento se recuerda como uno de los hitos importantes del carnaval en relación con el sentimiento de participación de los barrios en la vida de la ciudad. En efecto, en 1943 las fotografías y los nombres de las reinas y de los barrios ocuparon páginas en la prensa barranquillera. Estos años, sin duda, marcan los primeros resultados de la utilización de tradiciones populares en las estrategias de dominio socio-