Agenda Cultural UdeA - Año 2004 FEBRERO | Page 19

ISBN 0124-0854
N º 96 Febrero 2004
Esta familia de visitantes se origina entre el chispazo anecdótico y la leyenda que expresa la hospitalidad sin límites de los habitantes de Pasto. La familia viene con los hijos, los abuelos, las cabalgaduras, los trastos de viaje y los animales domésticos por el camino del Encano y se ' dirige, presumiblemente, al santuario de Las Lajas. Pero la familia se detiene, pernocta y participa de la fiesta. Pericles Carnaval les da la bienvenida y lee un bando donde se asume como máxima autoridad de la ciudad. Decreta el cese de las hostilidades cotidianas, del aburrimiento y la tristeza y desata la memoria colectiva para que desfilen las estampas típicas, donde se entreveran cuadros del recuerdo con son es sureños, tonadas campesinas y desplazamientos coreográficos. El 5 de enero se vive un juego de extroversión progresiva que se nuera con la aplicación de cosmético color carbón sobre la piel del rostro de cualquier persona. Curiosamente, en Pasto los negros tienen presencia desde hace poco, procedentes del Litoral Pacífico y de las zonas de minería. Tradicionalmente la población ha sido blanca, mestiza e indígena. Sin embargo, ese día es fácil terminar de negro entero, sin rumbo fijo, buscando en la penumbra la pareja establecida o una nueva que le ha dado el carnaval o, tal vez, buscándose a sí mismo porque está irreconocible en cuerpo y espíritu. Después, ya es asunto de la noche. El 6 de enero es apoteósico. Es el día de los blancos, del talco, de los colores y las serpentinas. Desde muy
temprano la gente se vuelca a los andenes y copa los balcones y las ventanas a lo largo de la senda del carnaval por donde pasarán personaje ~ disfrazados, murgas, comparsas y las monumentales carrozas, elaboradas con arte e ingenio preciosista, convertido en figuras gigantescas, con expresiones y gestos conmovedores, con movimiento de ojos y articulaciones, que muestran técnicas genuinas verdaderos escenarios plasman aplicadas a la realización de rodantes, donde se mitos, leyendas e invenciones extraídas del imaginario popular.
Todo es delirante: sobre las carrozas van jugadores y los que observan también juegan. Los ritmos y la música se toman la ciudad. Al final todo es una catarsis colectiva, masivo, un sortilegio contra un desahogo el tedio y la típica melancolía del espíritu serrano. Después, la ciudad volverá a la rutina y los pastusos comenzarán a esperar el próximo carnaval. Yo también, desde años, espero que pasen los hace varios meses para percibir la metamorfosis del ambiente. Los artesanos, los artífices de la fiesta, los constructores de carrozas y muñecos, trabajarán sin descanso y de los talleres, las casas y los descampados brotará el olor fuerte de la cola resinosa, que hierve sobre el fuego de la tulpa o fogón de leña. Las manos magistrales moldearán, forjarán formas con papel y yeso, otorgarán color, mezclando materias y recursos autóctonos, para construir verdaderos motivos escultóricos, de tamaños gigantescos, donde se tratan temas que van de