Agenda Cultural UdeA - Año 2003 MAYO | Page 25

ISBN 0124-0854
N º 88 Mayo 2003 buen número de investigadoras ha puesto de manifiesto los diversos tipos de sesgos que incorporan estos estudios, restando fuerza a la idea de que nuestros " cerebros diferentes " son la causa de las desigualdades existentes [ véase González García, 1998a; Unger y Crawford, 1996).
* Implícitos o informales En nuestros días ya no se puede hablar de exclusión explícita de las mujeres de las universidades y los centros de investigación. Ni siquiera del peso ideológico de la convicción de que la mujer sea intelectualmente inferior que el hombre, en términos generales. Sin embargo, existen mecanismos más sutiles, implícitos, que contribuyen a mantener y legitimar la segregación de la mujer.
Obras como las editadas por Pnina G. Abir- Am y Dorinda Outram( 1989), y por G. Kass – Simón y Patricia Farnes( 1993), o la escrita por Margaret Rossiter(' 1982). han analizado la estructura de la comunidad científica y el papel y dificultades de la mujer en ella; y han identificado dos formas de discriminación: la territorial y la jerárquica. En Virtud de la discriminación territorial, se relega a las mujeres a ciertas áreas de la actividad científica, áreas marcadas por el sexo, tales como computar datos astronómicos, o clasificar y catalogar en historia natural. Eso se traduce, entre otras cosas en que determinadas carreras sean más " femeninas "
que otras y en que ciertos trabajos, " feminizados ", adquieran menor valor que otros. O también en que determinados trabajos se consideren " rutinarios " o no se estimen " teóricos "-es decir, importantes- por el hecho de ser realizados por mujeres. discriminación jerárquica, según la cual científicas capaces y brillantes son mantenidas en los niveles inferiores de la escala de la comunidad o topan con un " techo de cristal " que no pueden traspasar en su profesión. La historia muestra que esto no es un fenómeno reciente. Disciplinas nuevas admitieron en su seno a las mujeres hasta que se profesionalizaron, como en el caso de la medicina en general y de la obstetricia en particular. Finalmente, se reconoce que las mujeres están excluidas de facto de las redes informales de comunicación, cruciales para el desarrollo de las ideas. Es decir, soportan formas encubiertas de discriminación que siguen pautas muy sutiles.
Resulta difícil establecer criterios o normas generales utilizados para este tipo de discriminación, aunque los ejemplos abundan, incluso en la historia más reciente: los casos de Williamina Paton Stevens Fleming, Henrietta Swan Leavitt o Emmy Noether son, quizás, de los más representativos. Sin embargo, no debemos fijarnos sólo en las científicas de nombre más o menos importante, sino que hemos de tener en cuenta fenómenos más generalizados, como, por ejemplo, hechos como el que en nuestro país