ISBN 0124-0854
N º 88 Mayo 2003 normas institucionales no deben entrar en conflicto con los valores sociales, que en las sociedades de los siglos XVI a XVIII eran política e ideológicamente masculinos. La institucionalización de la ciencia moderna parecería haber legitimado, pues, la exclusión de la mujer. Con el nacimiento de la ciencia moderna se repite-y podríamos decir que a partir de aquí toma carta de naturaleza- la siguiente norma doble: la mujer es admitida en la actividad científica prácticamente como igual hasta que dicha actividad se institucionaliza y profesionaliza( 4); y el papel de una mujer en una determinada actividad científica es inversamente proporcional al prestigio de la misma( según el prestigio de una actividad aumenta, disminuye el papel de la mujer en ella).
* Ideológicos o( pseudo) científicos La segregación institucional de la mujer fue desde siempre acompañada por teorías que la pretendían sustentar bajo una supuesta base científica. Las ideas sobre la inferioridad intelectual de la mujer se remontan hasta la antigüedad griega, y en el siglo XVI se generalizaría el debate sobre la educación de la mujer. La idea común es que la mujer es por naturaleza malvada, superficial, tonta y estúpida, lujuriosa e inconstante, y poco apta,
por tanto, para el estudio [ Pérez Sedeño, 1998a).
La ciencia contemporánea aún continúa empeñada en la tarea de identificar las diferencias sexuales en habilidades cognitivas. La búsqueda de diferencias en los cerebros masculinos y femeninos que expliquen y justifiquen la desigual presencia de hombres y mujeres en ciertos ámbitos científicos sigue siendo un importante programa de investigación en biología y psicología: estudios de dimorfismo sexual, análisis de los condicionamientos genéticos, hormonales y de estructura cerebral que ocasionan diferentes disposiciones en los dos sexos para distintas tareas. Así, por ejemplo, el estudio psicológico de las diferencias sexuales en habilidades cognitivas informa de una superioridad masculina en capacidad matemática y espacial, y una superioridad femenina en habilidades verbales. Estas diferencias explicarían el escaso número de mujeres en ingenierías o arquitectura, profesiones que requieren habilidad para las matemáticas y las relaciones espaciales. Un