Agenda Cultural UdeA - Año 2002 OCTUBRE | Seite 27

ISBN 0124-0854
N º 83 Octubre de 2002
en el doble movimiento deshistorizador y desterritorializador que atraviesan las demarcaciones culturales. Y, des-localizadas, las culturas tienden a hibridarse como nunca antes. Un mapa a mano alzada de esos trayectos resalta como elementos más notorios la devaluación de la memoria, la hegemonía del cuerpo, la empatía tecnológica y la contracultura política. La devaluación de la memoria la vivimos todos, pero mientras los adultos la sentimos como una mutilación, la gente joven la siente como la forma misma de su tiempo. Un tiempo que proyecta el mundo de la vida sobre el presente, un presente continuo cada vez más efímero xix. La identificación de la juventud con el presente tiene a mi modo de ver dos escenarios claves: el de la destrucción de la memoria de nuestras ciudades, y el de la acelerada obsolescencia de los objetos cotidianos. Des-espacializado xx el cuerpo de la ciudad por exigencias del flujo / tráfico de vehículos e informaciones, su materialidad histórica se ve devaluada a favor del nuevo valor que adquiere el " régimen general de la velocidad " xxi, que pasa a legitimar el arrasamiento de la memoria urbana. Esto hace que los jóvenes, aunque compartan la misma casa, no habiten la misma ciudad de los adultos, pues mientras estos viven no sólo la ciudad que ven sino la que les falta y recuerdan, dando así cohesión a su ciudad, los jóvenes habitan otra ciudad, sin apenas raíces— las que conserva el barrio— y estallada, como la única real. Doblemente real, puesto que es la ciudad que ven y desde la que ven una ciudad descentrada y caótica, hecha de restos, pedazos y desechos, de incoherencias y amalgamas que es la que realmente conforma su mirada, su modo de ver. El des-arraigo que padecen los adultos se ha transformado en un deslocalizado modo de arraigo desde el que los jóvenes habitan nómadamente la ciudad xxii, desplazando periódicamente sus lugares de encuentro, atravesándola en una exploración que tiene muchas relaciones con la travesía televisiva que permite el zappar. esa programación errantemente hecha de restos y fragmentos de novelas, informativos, deportes y conciertos. De otro lado, entre ese deslocalizado habitar de los jóvenes y la temporalidad productiva de una sociedad que torna cada vez más aceleradamente obsoletos los objetos que pueblan la cotidianidad, hay una conexión que refuerza el desarraigo hasta hacerlo completamente indoloro. En nuestros países – unos por ser pobres, emigrados del campo y emigrantes ellos mismos( sus padres o sus abuelos) dentro de la ciudad a medida que se van valorizando las invasiones, y otros porque su capacidad económica y su estatus social les exigen estar al día, a la moda –, la inmensa mayoría de los jóvenes habita casas sin apenas memoria arquitectónica y con pocos objetos que recuerden y exijan conversar con otras generaciones. De ahí la configuración de una identidad marcada menos por la continuidad que por una amalgama en la que aun la articulación de los tiempos largos la hacen los tiempos cortos, son ellos los que vertebran internamente el palimpsesto tanto de las sensibilidades como de