ISBN 0124-0854
N º 84 Noviembre de 2002
de guerra del Viejo Testamento fue leído; la primera oración fue dicha, seguida por una salva del órgano Que sacudió el edificio, y con un solo impulso la congregación se paró, con ojos resplandecientes y corazones palpitantes, y exclamaron esta tremenda invocación
“! Dios el Todoterrible! ¡ Tú Que todo lo ordenas! El trueno es Tu clarín y el relámpago Tu espada!"
Entonces llegó la larga oración del pastor. Ninguno podía recordar tal gusto por el suplicar apasionado y conmovedor, y por el bello lenguaje. La carga de su súplica buscaba Que el siempre misericordioso y benigno Padre de todos nosotros velara por nuestros jóvenes y nobles soldados, y los ayudara, y confortara, y los animara en su trabajo patriótico. " Bendícelos, escúdalos durante la batalla y a la hora del peligro, llévalos en Tu mano poderosa, hazlos fuertes y seguros, invencibles en la sangrienta ofensiva; ayúdalos para Que aplasten al enemigo, concédeles a ellos y a su bandera y país honor y gloria imperecederos." Un extraño viejo entró y se movió con paso lento y silencioso por el pasillo principal, sus ojos estaban fijos en el sacerdote, su alto cuerpo estaba vestido con una túnica que alcanzaba sus pies, su cabeza per- manecía desnuda, su pelo blanco era una catarata espumosa sobre sus hombros, su cara miserable tenía una palidez antinatural, pálida hasta lo cadavérico. Con todos los ojos siguiéndolo y preguntándose quién era, caminó de manera silenciosa; sin hacer una pausa, ascendió aliado del predicador y se paró aguardando. Con las
tapas de la Biblia cerradas, el pastor, inconsciente de tal presencia, continuaba con su conmovedora oración, y por fin la tenminaba con las siguientes palabras, proferidas en apelación ferviente: " Bendice nuestras armas, concédenos la victoria, Oh Señor nuestro Dios, Padre y Protector de nuestra tierra y bandera!"
El extraño tocó su brazo, le hizo señas para que fuera a un lado-lo Que el sobresaltado ministro hizoy tomó su lugar. Durante algunos momentos inspeccionó al público, que estaba fascinado con aquellos ojos solemnes en que ardía una luz misteriosa. Entonces, con voz profunda, él dijo: " iYo vengo del Trono portando un mensaje de Dios Omnipotente!" Las palabras golpearon con violencia la iglesia y la estremecieron; si el extraño lo percibió, no le prestó atención. " Él ha oído la oración de Su sirviente, el pastor de ustedes, y la concederá si tal cosa es su deseo después de que yo, Su mensajero, les haya explicado a ustedes su significado-es decir, su pleno significado-. Porque, como en muchas de las oraciones de los hombres, en esta petición hay mucho más que aquello de lo cual es consciente quien la ha proferido, a menos de que se haga una pausa y se piense un poco.
El pastor, que es sirviente de Dios y de esta congregación, ha dicho su oración. ¿ Ha hecho él una pausa y pensado sobre ella? ¿ Es una oración? No, son dos: una proferida en voz alta y la otra no. Las dos han alcanzado el oído de Él que escucha todas las súplicas, tanto las explícitas como las tácitas. Ponderen esto, ténganlo en mente. iSi piden una bendición sobre ustedes, tengan cuidado! Es posible que sin desearlo invoquen al mismo tiempo una maldición sobre un vecino. Si ustedes oran porque la lluvia bendiga su cosecha, posiblemente con ese mismo acto ustedes están orando por la maldición de la cosecha de algún vecino, que puede no necesitar la lluvia y dañarse por ella.
" Ustedes han oído la oración de su pastor... La parte explícita. Yo soy el comisionado de Dios para poner en palabras la otra parte de ella; esa parte que el pastor-y también ustedes en sus corazones- rezaron con fervor en fonma silenciosa. ¿ Acaso fue por ignorancia e irreflexión? iDios lo quiera así! Acaban de escuchar ustedes estas palabras: ' Concé- denos la victoria, Oh Dios nuestro Señor!' Eso es suficiente: la totalidad de la plegaria se compacta en esas pocas