Agenda Cultural UdeA - Año 2002 NOVIEMBRE | Página 25

ISBN 0124-0854
N º 84 Noviembre de 2002 ra un tiempo de gran excitación. El país estaba levantado en armas, la guerra avanzaba, en cada pecho ardía el fuego santo del patriotismo; los tambores resonaban, las bandas tocaban, las pistolas de juguete estallaban, los petardos chillaban y pitaban; en cada mano, y bajo la cubierta descolorida y marchita de los tejados y balcones, un yermo tembloroso de banderas brillaba bajo el sol; diariamente los jóvenes voluntarios marchaban a lo largo de la ancha avenida, alegres y magníficos en sus nuevos uniformes, mientras los orgullosos padres y madres y hermanas y novias los animaban con voces ahogadas por la emoción cada vez Que giraban; de noche en mítines repletos, la masa escuchaba, jadeante, el oratorio patriota Que conmovía las más profundas simas de sus corazones, Que era interrumpido a cortos intervalos con ciclones de aplausos, mientras las lágrimas corrían por las mejillas; en las iglesias los pastores predicaban la devoción a la bandera y el país, e invocaban al Dios de las Batallas implorando Su ayuda para nuestra justa causa, en una efervescencia de elocuencia Que conmovía a cada oyente. Era de hecho un tiempo alegre y cortés, y la media docena de espíritus descabellados Que se aventuraron a desaprobar la guerra y lanzar una duda sobre la justa rectitud de ésta, obtuvieron tan severa y furiosa advertencia Que, por su misma seguridad personal, se refugiaron rápidamente fuera de la vista y no ofendieron a ningún otro de tal manera.

" oración de la guerra Por Mark Twain *

Este cuento del gran narrador norteamericano fue publicado en forma póstuma, dado que el editor de Twain lo rechazó cuando se escribió( poco después de la guerra hispanoestadounidense de 1899 a 1902). Nos habla de un aspecto del conflicto tan terrible que ni siquiera somos capaces de confesarlo ante nosotros mismos.
Llegó el domingo por la mañana. El día siguiente los batallones partirían para el frente. La iglesia estaba llena. iLos voluntarios estaban allí, sus caras jóvenes encendidas con sueños marciales; las visiones del furioso avance, el ímpetu de la embestida, la veloz carga, los sables resplandecientes, el vuelo en retirada del enemigo, el tumulto, el humo envolvente, la persecución feroz, la rendición! iEntonces volverían a casa de la guerra, bienvenidos héroes bronceados, adorados, sumergidos en los mares dorados de la gloria! Con los voluntarios se sentaban sus seres Queridos, orgullosos, felices, envidiados. por los vecinos y amigos Que no tenían ningún hijo ni hermanos Que enviar al campo de honor, para ganar por la bandera o caer, muriendo en la más noble de las muertes nobles. El servicio prosiguió; un capítulo