Agenda Cultural UdeA - Año 2002 MARZO | страница 20

ISBN 0124-0854
N º 76 Marzo de 2002
Nacimiento de Venus. Sandro Boticelli. Galería de los Uffizzi, Florencia.

Los días, las horas y los minutos son solo los adornos de ese traje que los dioses ayudaron a confeccionar a los poetas. tan sólo palabra y carne contra más de 600 vírgenes secuestradas, para obtener la sangre de la eterna juventud, según narra Alejandra Pizarnik.

Siguiendo con la lista nos encontramos con las brujas – mitad putas y mitad sabias, pero nunca santas –, que al amparo de bosques medievales, noches de plenilunio y conjuros mágicos, arriesgaron su vida poniéndose al límite con sus experiencias. Aún nos llegan ecos de estas asombrosas mujeres en versión renovada; el imaginario colectivo las coloca bien como símbolo de maldad o bien como prototipo de seducción, pero en ambos casos lo que pervive es el falso dilema que sitúa a la mujer en la vieja concepción de que para ser santa hay que renunciar a la sexualidad y al saber.
Georg Sand y Artemisia Gentileschi son dos apuestas
por el arte; calificadas de putas nunca cedieron a su deseo de crear, y aunque se refugiaran en un nombre ficticio o huyeran de la casa paterna, eligieron ser arte y palabra, vida en movimiento, que no cede su lugar por falsas promesas de felicidad; que asume su condición con la certeza que solo dan las elecciones que nacen del alma a costa incluso de la propia vida.
La modernidad llevó fuera de la casa a la mujer y la incrustó en las fábricas, allí su vida se esfumó entre el humo de las chimeneas y la tuberculosis. Su existencia palideció a tal punto que su voz prácticamente se dejó de escuchar. Putas o santas, pero más lo primero que lo segundo, fue lo que se escuchó por esta época. Entre la fábrica y el cabaret languideció la vida de muchas, al tiempo que la palabra se encarnaba en el silencio de la nueva época que
ya se anunciaba con el estrépito de la técnica.
Ni víctimas ni verdugos; no por el otro elegimos ser esta o aquella mujer, no por el otro nos extraviamos en la niebla de una muerte anticipada o decidimos escribir. Igual que le sucede al hombre, es nuestra condición de sujetos la que nos empuja por los laberintos de la vida a jugar nuestro propio juego sin ninguna garantía.
Desde siempre la apuesta ha sido por la vida, así por momentos parezca que va ganado la muerte. De ello dan cuenta las voces que se han alzado desde distintos rincones de la tierra para enarbolar la palabra constructora de mundos, propiciatoria de encuentros y desencuentros, donde hombres y mujeres han creído en la condición de la palabra