Un cuento duro y conmovedor de una integrante del Taller de escritores de la Universidad de Antioquia, donde se nos muestra cómo los escritores colombianos han hecho suyos los temas del mundo
Tomade de: revista Geomundo, España. Noviembre 1978.
Mutiladas
ISBN 0124-0854
N º 80 Julio de 2002
Por Beatriz Villegas Ortega *
Un cuento duro y conmovedor de una integrante del Taller de escritores de la Universidad de Antioquia, donde se nos muestra cómo los escritores colombianos han hecho suyos los temas del mundo
Kabil Kilam sabía leer desde que cumplió sus 6 años; aunque no iba a la escuela, había aprendido mientras su hermano hacía los deberes diarios. Era una chica bastante lista, de ojos inmensos, negros con pestañas abundantes colocadas como dardos mirando hacia abajo, sus escleróticas casi azules, la piel oscura de tono ceniciento y algo resquebrajada, el pelo escaso y delgado hablaba de muchas carencias. Su cuerpecito se movía con agilidad, sus juegos favoritos se desarrollaban saltando enormes tocones en su aldea polvorienta y olvidada por todos. El sustento de las familias se derivaba exclusivamente del arte del tejido de tapices; los hombres que vienen desde la capital Kabul se apresuraban a buscar a los más delgados chicos para enseñarles magníficos trozos de seda que, en una urdimbre bastante complicada, terminan siendo bellísimas piezas de arte manual exhibidas en los salones