Agenda Cultural UdeA - Año 2002 JULIO | Page 25

ISBN 0124-0854
N º 80 Julio de 2002 de enseñar a los jóvenes que viven en contacto con personas de origen distinto que su recíproca diversidad no es un obstáculo para la vida en común, sino más bien una fuente de enriquecimiento mutuo. Nosotros decimos que no nos volvemos iguales negando la existencia de las diversidades. Las diversidades existen y hay que reconocerlas. Empecemos por los rostros, los vestidos, incluso por la comida o el olor( digámosles que no hay nadie que no tenga olor, y que normalmente no advertimos el nuestro porque procede de nuestro cuerpo o de las personas que nos rodean, que tienden a comer más o menos las mismas cosas que comemos nosotros) y lleguemos a hablarles de diferencia de religión o de la forma de interpretar la territorialidad. Pidamos a los niños que descubran si en su zona habitan personas con bagajes culturales diferentes, que nos describan en qué se diferencian de ellos, pero también, dentro de su grupo de pertenencia, en qué se diferencian unos de otros. Digámosles que es normal que en un primer momento la diversidad de los otros no nos guste, pero que ser diferentes no significa ser malos. Nos hacemos malos cuando queremos impedir a los demás que sean diferentes. Digamos a los niños que las diferencias hacen del mundo un lugar interesante en el que vivir. Si no hubiese diferencias, no podríamos entender siquiera quiénes somos: no podríamos decir“ yo” porque no
tendríamos un“ tú” con el que compararnos. Digamos que igualdad significa que cada uno tiene derecho a ser distinto a todos los demás. Intentemos hablar a los niños de los estereotipos racistas, de la intolerancia, del prejuicio, de los guetos, de las favelas, del apartheid, de la deportación, del genocidio. Uno de los ejercicios que proponemos ya lo ha experimentado una educadora estadounidense que en su clase dividió a los chicos en dos grupos, los rojos y los azules. Durante la primera semana, la profesora no se ocupó en absoluto de los rojos, les negaba la palabra, no les alababa cuando hacían algo bien y les castigaba a la mínima equivocación. En cambio, fue indulgente hasta el exceso con los azules, alabándoles continuamente y perdonándoles cualquier comportamiento fuera de la norma. La semana siguiente invirtió las partes, favoreciendo a los rojos. De esta forma, los alumnos experimentaron tanto la sensación de poder como el sufrimiento y las frustraciones de pertenecer al grupo de los oprimidos y los excluidos. La enseñanza que hay que sacar es que si has sufrido como miembro de un grupo oprimido, debes hacer que en un futuro otros no padezcan tus mismos sufrimientos. Nuestro sitio que no hace ruido es sólo un ejemplo, pero refuerza, espero y creo, mi idea de que sólo los centros de enseñanza, y entre ellos sobre todo la universidad, son todavía lugares de confrontación y discusión
recíprocas, en los que podemos encontrar ideas mejores para un mundo mejor, como el refuerzo y la defensa de los valores universales fundamentales, que no hay que tener en las estanterías de una biblioteca, sino difundir con todos los medios posibles. ¡ La universidad( e incluso la escuela elemental) como fuerza de paz! En mis sueños más osados veo la imagen de un ambiente académico en el que se puede hablar pacíficamente incluso de los problemas más insolubles de nuestro tiempo. Qué imagen tan bella, la de una universidad donde en un futuro próximo pueblos diferentes puedan sentarse a resolver juntos los problemas de esta tierra santa y martirizada, en una interacción fructífera y leal entre hombres de buena voluntad.
* Umberto Eco es un escritor y semiólogo nacido el 5 de enero de 1932 en Turín( Italia). Es autor, entre otros libros, de Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas( 1965), El nombre de la rosa( 1981), El péndulo de Foucault( 1988) y Baudolino( 2001).
Tomado de: http:// www. elpais. es / articulo. html? anchor = elpepiopi & xref = 20020612elpepiopi _ 8 & type = Tes & dat =