ISBN 0124-0854
N º 80 Julio de 2002 poderosos, tanto en las naciones industrializadas como en las que están en vías de desarrollo, se oponen a estas alternativas, pues requieren sacrificios que la mayoría de nosotros somos reacios a contemplar. Y, sin embargo, la esperanza no ha muerto necesariamente. El colapso reciente de muchas dictaduras del tercer mundo indica que, a pesar de las duras restricciones, hay señales de progreso, y que las personas no necesitan aguantar la injusticia permanentemente. Los seres humanos tienen la capacidad de derrocar regímenes opresivos e introducir formas de gobierno mejoradas y más humanas. Así, aunque las estructuras de explotación pueden ser a veces paralizadoras, no son inmunes a las luchas liberadoras de la acción colectiva. En este sentido, el mundo también está lleno de una sensación de nuevos principios. Hay minorías en todas las sociedades que están persiguiendo activamente una cooperación más humana, más igualdad y una expansión de los derechos democráticos. Me parece a mí que la tarea inmediata es mover a las mayorías silenciosas en dirección de estas voces minoritarias. Esto es posible gracias a que el mantenimiento del presente status quo global es una invitación al desastre. La
posibilidad de oleadas de terrorismo, de catástrofes ecológicas e intercambios nucleares limitados, es tal, que el cambio radical puede ocurrir por motivos completamente utilitarios y egoístas. La realidad es que la " globalización " ha hecho que la llamada " buena vida " de Occidente sea imaginable para todos pero accesible para pocos. Es esta brecha entre imaginación y acceso la que levanta frustraciones e invita a los conflictos. Y son los métodos económicos, políticos y militares usados por los poderes occidentales y por las elites corruptas del Tercer Mundo para conservar esa brecha, los que sirven como combustible al resentimiento y el odio. La globalización está así llena de contradicciones: genera tendencias de universalismo y, sin embargo, lleva a reafirmar particularismos profundos, porque el universalismo es en alto grado una ilusión. Lo que tenemos, de hecho, es la coexistencia de una minoría de nómadas ricos que se mueven libremente alrededor del globo y una mayoría aplastante condenada a espacios de pobreza o a escapes peligrosos como Personas del Barco Globales. Tales modelos desiguales de migración y existencia no pueden persistir indefinidamente, pues se unen
para generar situaciones explosivas. Así, al alba del nuevo milenio, la era de la supuesta aldea global, las disparidades son más extremas que nunca. Grandes segmentos de la humanidad viven en condiciones de terrible pobreza y desplazamiento forzado, y como resultado mueren prematuramente. Vivimos en un mundo de desigualdades obscenas, profundamente dividido de acuerdo a la clase, la etnia y la raza. Aunque estas condiciones no son ni una excusa ni una explicación plena del terrorismo, ciertamente nutren a esta bestia fea y asesina. Yo temo, sin embargo, que aunque las bombas y otras formas de represalia militar satisfagan nuestro deseo primario de venganza, no impedirán a la bestia el continuar volando y multiplicándose. El terrorismo es un síntoma mórbido de un orden mundial decadente.
* Profesor del Departamento de Gobierno y Asuntos Externos Woodrow Wilson de la Universidad de Virginia( Charlottesville, Va., EE. UU.)
Traducido del inglés por Andrés García Londoño.
Tomado de: http:// faculty. virginia. edu / mesp / Fatton- Globalization-Terror. pdf