ISBN 0124-0854
N º 80 Julio de 2002 entre ellas. Por ejemplo, los 358 billonarios que hay en el mundo tienen recursos estimados en 760 mil millones de dólares 1, qué es la misma riqueza combinada del 45 % de la población mundial más pobre( aproximadamente 2.700 millones de personas). Esto puede representarse también de otra manera: las tres personas más ricas poseen bienes que exceden la suma del Producto Interno Bruto de los países más pobres del mundo. Los obscenos modelos de pobreza y desigualdad, además de la riqueza ostentosa, constituyen el material de construcción mismo de nuestro sistema global. Esto conduce a problemas básicos de moralidad y ética para las áreas prósperas del mundo. Necesitamos preguntarnos si las desigualdades actuales son legítimas y justas ¿ Puede hacerse algo por lograr algún grado de decencia humana? La educación básica para todos costaría aproximadamente 6 mil millones de dólares anuales; una suma muy limitada si se
1 1. 672 millones de millones de pesos
colombianos aproximadamente. Para hacer una comparación, en los últimos años el Producto Interno Bruto de Colombia ha sido de alrededor de 100 mil millones de dólares anuales, lo que significa que la suma de la fortuna de esos 368 billonarios es mayor que todo lo que Colombia es capaz de producir en siete años y medio.( Nota del editor)
compara con los 8 mil millones gastados cada año en cosméticos en los Estados Unidos. La instalación de agua y servicios higiénicos globales costarían aproximadamente 9 mil millones de dólares, mientras que 11 mil millones se gastan en helado en Europa cada año. El cuidado básico en salud y nutrición para todos costarían 13 mil millones de dólares anuales; 4 mil millones menos de lo que se gasta en comida para mascotas en Europa y Estados Unidos. Cuando los animales en las naciones industrializadas reciben mejor tratamiento y más recursos que una gran parte de la humanidad, eso significa que hay algo claramente erróneo en la distribución mundial de la riqueza. Si la pobreza extrema es tan aguda y aun así 35 mil millones de dólares son gastados en entretenimiento empresarial en Japón y 105 mil millones en bebidas alcohólicas en Europa, debe haber algo que está mal, muy mal, con las instituciones y los modelos de poder existentes. Otra consecuencia potencial negativa de la globalización es la paradójica intensificación de los sentimientos nacionalistas y localistas. Las salvajes faltas de equidad de la globalización crean formas parroquiales de resistencia arraigadas en un pasado imaginario que en
realidad nunca fue. Esto puede explicar por qué la globalización puede ir de la mano con la emergencia— o re-emergencia— de los fundamentalismos étnicos y religiosos, así como con la fragmentación de las naciones-estado en múltiples micro-naciones. La misma homogeneización de la cultura provocada por la globalización fomenta contrarreacciones con base en la exaltación de la diferencia y de los particularismos locales. Hoy observamos que la nación-estado se está debilitando y fortaleciendo a la vez. Por un lado, los estados-nación se erosionan en muchas partes del Tercer Mundo, porque están perdiendo toda soberanía significativa sobre sus asuntos internos, especialmente en lo relativo a la seguridad y lo económico; se han vuelto profundamente dependientes de las instituciones financieras internacionales para su supervivencia material. Por otro lado, la nación-estado está haciéndose más fuerte precisamente porque la globalización genera inequidades tan agudas, que la estabilidad del sistema mundial requiere la preservación de unidades políticas sólidamente atadas donde las clases dominantes puedan implementar estrategias de contención. Tales estrategias no necesitan