El Bosco. El carro de heno( Detalle). Tabla central tríptico. Óleo sobre tabla, 135 x 100 cm., Museo del Prado, Madrid.
ISBN 0124-0854
N º 75 Febrero de 2002 adquiere sentido a través del Macroecumenismo o diálogo interreligioso), sobre todo con los encuentros del Romano Pontífice con el Primado de Canterbury.
El relato de la obra está a cargo de Rafael Hythlodae, quien al tomar parte en los viajes de Américo Vespucio había visto la isla de Utopía. Moro está convencido de que para evitar los males que afligen a la ciudad, sólo es necesario seguir la sana razón y las leyes de la naturaleza. Por eso, en Utopía, este ideal es claro: no se quiere imponer un estilo de vida, ni una obligación determinada, sino presentar unos principios que sirvan de vida normativa para la convivencia social en la isla. El punto clave de la obra es la ausencia de propiedad privada. Platón ya había intuido que la propiedad privada divide a los hombres y los vuelve enemigos. Lo contrario a la propiedad privada es la comunidad de bienes, donde todo se comparte, donde no
hay nada propio. Parece que se quiere hacer realidad las palabras de Lucas en los Hechos de los apóstoles, cuando afirma que en las primeras comunidades cristianas las personas no tenían nada propio sino que todo lo compartían( Cf. He 2, 44 – 45). En Utopía, además, todos los ciudadanos son iguales entre sí, puesto que al desaparecer la diferencia de riquezas, desaparecen también las clases sociales. De tal manera que los trabajos en la isla de Utopía se llevan a cabo en forma equilibrada y, por lo tanto, no destruyen al individuo sino que lo dignifican; se trabaja seis horas y se deja mayor espacio para la recreación y otro tipo de actividades.
Los habitantes de Utopía son pacifistas, admiten diferentes cultos, honran a Dios de diversas maneras y saben comprenderse y aceptarse recíprocamente en esta diversidad. Sobre este último punto queremos centrar nuestra reflexión, puesto que allí encontramos el pensamiento pluralista y tolerante de Moro en relación al ideal ecuménico.
En la última parte de la obra, Moro hace una explicación de las religiones de los utopienses. Y nótese que habla de religiones y no de religión, cosa que denota su carácter ecuménico.
“ Son varias las religiones, no sólo en la isla sino también en cada una de las ciudades, venerando como dios unas al sol, otras a la luna, otras a otro de los astros errantes; las hay que miran no solamente como dios, sino como dios supremo, incluso a un determinado hombre cuya virtud o gloria resplandeció en otro tiempo.”