ISBN 0124-0854
N º 75 Febrero de 2002 construida sobre los pilares gemelos del deber cívico y la virtud republicana.
La experiencia de todos estos escritores dio forma a sus fantasías utópicas y visiones. Ilusorio o no, se aferraron a la promesa de un mundo mejor. Así, ellos postularon mundos con gobiernos fuertes, o mundos sin gobierno en absoluto. Había utopías en las que la riqueza se igualaba para todos, así como había utopías en las que la riqueza era abolida completamente. Había mundos utópicos con Dios como mediador, tanto como había utopías dentro de las que había poco espacio para un Dios o unos dioses de cualquier tipo.
El utópico escribió novelas; pienso que ésta es la mejor palabra para describir las obras. Su experiencia dio forma a sus predisposiciones y sus aspiraciones. Parece que estas utopías se produjeron en un momento – dentro de una experiencia – en que la sociedad parecía estar retrocediendo en lugar de acercarse a alguna meta más alta. Para Platón era algo evidente que las virtudes que habían hecho grande a la ciudad – estado ateniense, ya no podían sostener a esa ciudad – estado. Para Thomas More existía el hecho de que, como los ricos sólo estaban interesados en aumentar su riqueza, la mayor parte de la humanidad estaba condenada
a la subordinación y el sufrimiento. Y para William Morris el capitalismo industrial era el gran degradador de la humanidad, pues había despojado de su dignidad al hombre, al sacrificarse arte, pensamiento y creatividad para constituir la clase media y todo lo que representaba.
Pero en el siglo XX, se desarrollaron nuevos dispositivos y técnicas literarios... Dispositivos nacidos no sólo del evidente avance, sino también de la clara experiencia de desilusión, amargura, temor, depresión, terror y abatimiento. El mundo parecía un reloj roto: observado desde la distancia, todo parecía bien, pero si se acercaba el reloj a la oreja no se oía nada.
En 1932, el escritor inglés Aldous Huxley( 1894 – 1963) nos dio su propia visión del mundo en la novela Brave New World. Sólo que esta vez la visión no era utópica sino anti – utópica o, a falta de una expresión mejor, distópica. Huxley advertía a sus lectores de la anarquía moral en una edad científica, una edad identificada por las siglas " d. F."( después de Ford). Esto es, por supuesto, deliberado de parte de Huxley; la tecnología para maquinaria desarrollada por Henry Ford( 1863 – 1947), que perfeccionó la línea de ensamblaje, no
sólo había producido las maravillas de la producción mecanizada, sino también el hombre y mujer mecanizados del vigésimo siglo. Huxley pinta una utopía gris, repulsiva – una distopía – en que la armonía platónica es inducida forzosamente por medio de la cría y el condicionamiento científico de una sociedad de robots humanos, para quienes la felicidad es sinónimo de subordinación. El destino de nosotros, los modernos, resulta dolorosamente claro en manos de Huxley: nosotros somos números anónimos( 176 – 45 – 9925). Los impulsos burocráticos del siglo XX han resuelto el problema de la desadaptación individual: ahora estamos en esto juntos. ¿ Pero quiénes somos nosotros sino un número en la hoja de cuentas?
El escritor checo Karel Capek( 1890 – 1938) produjo su propia distopía diez años antes que Huxley, en su enormemente popular obra de teatro R. U. R., cuya premier se llevó a cabo en un teatro de Nueva York en 1921. R. U. R. fue la versión siglo XX de una novela de comienzos del siglo XIX de la escritora Mary Shelley( 1797 – 1851) titulada Frankenstein. En la obra de Capek, sin embargo, el telón de fondo no es la fábrica que caracterizó al siglo XIX, sino las oficinas comerciales de“ Robots Universales