Agenda Cultural UdeA - Año 2002 DICIEMBRE | 页面 24

ISBN 0124-0854
N º 85 Diciembre de 2002 lo que generalmente lo es al presente y se propusiera, en parte, despertar aficiones que capacitaran al hombre para usar inteligentemente su ocio. No pienso especialmente en la clase de cosas que pudieran considerarse pedantes. Las danzas campesinas se han extinguido, excepto en remotas regiones rurales, pero los impulsos que determinaron que fueran cultivadas deben de existir todavía en la naturaleza humana. Los placeres de las poblaciones urbanas se han hecho más pasivos: ver películas, presenciar partidos de fútbol, escuchar la radio, y así sucesivamente. Ello resulta del hecho de que sus energías activas las consume completamente el trabajo; si tuvieran más tiempo libre, volverían a disfrutar placeres en los que hubieran de tomar parte activa.
Antiguamente existía una reducida clase ociosa y una numerosa clase trabajadora. La clase ociosa disfrutaba de ventajas sin base alguna de justicia social; esto la hacía opresiva necesariamente, limitaba sus simpatías y la obligaba a inventar teorías que justificasen sus privilegios. Estos hechos disminuían grandemente su excelsitud; pero, a pesar de estos inconvenientes, contribuía casi en la totalidad de lo que llamamos civilización. Cultivaba las artes, descubría las ciencias, escribía los libros, inventaba las filosofías y refinaba las relaciones sociales. Inclusive la liberación de los
oprimidos ha sido, generalmente, iniciada desde arriba. Sin la clase ociosa, la Humanidad nunca se hubiera elevado sobre la barbarie.
El sistema de una clase ociosa hereditaria sin obligaciones era, sin embargo, extraordinariamente ruinoso. Ninguno de los miembros de esta clase era laborioso, y la clase, en conjunto, no era excepcionalmente inteligente. Esta clase pudo producir un Darwin, pero contra él habrían de señalarse decenas de millares de hidalgos rurales que jamás pensaron en otra cosa más inteligente que la caza del zorro y el castigo de los cazadores furtivos.. Actualmente, se supone que las universidades proporcionan, de un modo más sistemático, lo que la clase ociosa proporcionaba accidentalmente como un subproducto. Esto supone un gran adelanto, pero tiene ciertos inconvenientes. La vida de universidad es tan diferente de la vida en el mundo, en definitiva, que las personas que viven en un ambiente académico tienden a desconocer las preocupaciones y los problemas de los hombres y mujeres del común: por añadidura, sus medios de expresión son generalmente tales, que privan a sus opiniones de la influencia que debieran tener sobre el público en general. Otra desventaja es que en las universidades están organizados los estudios, y el hombre al que se le ocurra