Agenda Cultural UdeA - Año 2002 DICIEMBRE | страница 20

ISBN 0124-0854
N º 85 Diciembre de 2002 toda su vida se aburrirá si queda súbitamente ocioso. Pero sin una cantidad considerable de ocio, un hombre se ve privado de muchas de las mejores cosas. Y ya no existe razón alguna para que la mayor parte de las gentes haya de sufrir tal privación; sólo un necio ascetismo, usualmente delegado, nos hace continuar insistiendo en la necesidad del trabajo en cantidades excesivas, ahora que ya no es necesario.
En el nuevo credo que inspira el gobierno de Rusia, así como hay mucho que resulta muy diferente de las tradicionales enseñanzas del Occidente, hay algunas cosas que no han cambiado en absoluto. La actitud de las clases gobernantes, y especialmente de aquellas que dirigen la propaganda educativa, es casi exactamente la misma, sobre el tema de la dignidad del trabajo, que la adoptada siempre por las clases gobernantes de todo el mundo en sus predicaciones a los llamados honrados trabajadores. Laboriosidad, sobriedad, buena voluntad para trabajar largas horas a cambio de lejanas ventajas, incluso sometimiento a la autoridad, todo reaparece; por añadidura, la autoridad todavía representa la voluntad del Soberano del Universo. Quien, sin embargo, recibe ahora un nuevo nombre: materialismo dialéctico.
La victoria del proletariado en Rusia tiene algunos puntos comunes con la
victoria de las feministas en algunos otros países. Durante siglos, el hombre ha concedido la superior santidad de la mujer, y la ha consolado de su estatus inferior manteniendo que la santidad es más deseable que la fuerza. Al final, las feministas decidieron tener las dos cosas, ya que las precursoras de entre ellas creyeron lo que el hombre decía acerca de lo apetecible de la virtud, pero no lo que les había dicho el hombre acerca de la insignificancia del poder político. Cosa similar ha ocurrido en Rusia por lo que se refiere al trabajo manual. Durante siglos, los ricos y sus lacayos han escrito en elogio del honrado trabajo, han alabado la vida sencilla, han profesado una religión que enseña que los pobres son más idóneos que los ricos para ir al cielo y, en general, han tratado de hacer creer a los trabajadores manuales que hay cierta especial nobleza en alterar la posición de la materia en el espacio, tal y como los hombres trataron de hacer creer a las mujeres que se deriva especial nobleza de su esclavitud sexual. En Rusia, todas estas enseñanzas acerca de la excelencia del trabajo manual han sido tomadas en serio, con el resultado de que el trabajador manual se ve más honrado que nadie. Se hacen lo que, en esencia, son llamamientos al despertar religioso, pero con los antiguos propósitos: hechos para asegurar trabajadores de choque necesarios en tareas especiales. El trabajo manual es el ideal que se exhibe