Agenda Cultural UdeA - Año 2002 ABRIL | Página 29

ISBN 0124-0854
N º 77 Abril de 2002
- Ante todo, mi interés era afirmarme como poeta, entender que cada poema que escribía me ayudaba a formar al poeta que quería ser. Pensaba en lo bueno que sería escribir un libro, publicarlo y correr con la suerte, quizá, de despertar el interés de otros. Soñaba, además, con ser un escritor, tan bueno como los autores que admiraba; después se comprende cuán difícil es esto de conseguir. Como a todos, hay cosas que a uno se le dan y otras que no.
Pero vivo atento a mi destino y lo convierto en mi aventura de cada día.
-¿ Qué autores leía?
-El primer texto que me llevó a pensar en la literatura como tal fue La historia de Abdulah, el mendigo ciego, una página maestra de Las mil y una noches, que hacía parte de un pequeño libro infantil, que mis padres me regalaron el día que me operaron de las amígdalas. Aún hoy lo leo con
asombro. A mis alumnos, se los daba a leer y era maravilloso descubrir el efecto que les producía. Nunca lo olvidaban. Después leí Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell, una bella novela, que significó mi primer paso en serio en aquello que después, a través de todo tipo de lecturas, buenas y malas, recomendables o no, se convertiría en mi gran pasión: los libros. Ellos comenzaron a acompañarme en el recorrido de la vida y fueron cambiando a medida que yo también iba cambiando.
Por lo común leo varios libros a la vez y los leo de
manera poco ortodoxa, guiado por mi interés o estado de ánimo, a saltos, sin seguir un orden, de atrás para adelante o comenzando por el medio. Me pego a una línea, a un párrafo o una página; los olvido, los pierdo, los vuelvo a encontrar, etc. No soy un lector lineal, ni me interesa memorizar lo que dicen. Siento que no tengo que rendir examen de ellos, porque me han hecho libre y, en últimas, lo que importa es que me entreguen su verdad y me ayuden a formar la mía.
Aunque hoy, cuando su significado para mí ha variado e, incluso, en el camino de experiencias espirituales más profundas, casi que podría prescindir de
ellos... Es un decir.
-La poesía como aliciente espiritual...
-Pienso que los momentos más elevados de la vida los representan la Poesía y la Mística. Aquello que no se habla, decía Wittgestein,