ISBN 0124-0854
N º 72 Octubre de 2001 socioeconómica, para entender qué está pasando en las comunas. Afirma que la cultura de esas bandas es la mezcla de tres culturas: la del mito paisa, la maleva- que se mezcló en las últimas generaciones con la de la salsa- y la cultura de la modernización. El mito paisa habría puesto el sentido del lucro, la religiosidad y el sentido de la retaliación. La cultura maleva los valores del varón, del macho que no se arruga. A su vez esa cultura maleva, si bien es una cultura ascética, se mezcló en estos últimos años con la cultura del goce y del cuerpo que provenía de la cultura caribeña de la salsa, y ambas se han mezclado con una cultura de la modernidad que se define nítida y lúcidamente en estos tres rasgos en el sentido de lo efímero, el consumo y el lenguaje visual. Acerca del sentido de lo efímero, Víctor Gaviria escribió en el primer número de la GACETA de COLCULTURA-Nueva época- un texto espléndido en el que vincula el título de su película No futuro a un diálogo con uno de esos jóvenes; No futuro representa la ideología de una sociedad que ya no hace los objetos para que duren toda la vida, sino para que duren el tiempo que necesita la lógica industrial, que es la lógica de la publicidad. Como segundo rasgo, en la sociedad el estatus lo define la capacidad de consumir y el estatus es la forma normal del poder en nuestra sociedad. Por último quienes han visto el documental Yo te tumbo, tú me tumbas pueden constatar ese lenguaje
fragmentado de los jóvenes, su sintaxis rota y su reemplazo por un discurso visual, en el que“ huevón” equivale a " pues " porque no invoca a nadie, no insulta; simplemente está jugando como un operador sintáctico de subordinación o de concatenación de frases, en una sintaxis elemental que hace posible un discurso sumamente rico en imágenes.
La tercera dinámica de lo urbano, que es la más compleja, es la dinámica de la desterritorialización, término que denomina tanto un proceso empírico como una metáfora. Desterritorialización habla en primer lugar de las migraciones, de los aislados, de los desarraigos, de las desagregaciones a través de las cuales un país como Colombia a la vuelta de treinta años se encontró con que el 70 % de su población residía en las ciudades; emigraciones e inmigraciones de los pueblos a las ciudades, de las ciudades pequeñas a las ciudades grandes, de las ciudades grandes a la capital, y después- siguiendo la lógica de los urbanizadores que van moviendo a las poblaciones según el lucro del suelo- de unos lugares de la ciudad a otros. De manera que la desterritorialización es una experiencia cotidiana de millones de colombianos y de latinoamericanos.
En segundo lugar, desterritorialización habla de desnacionalización, surgimiento de unas culturas sin memoria territorial; justamente esas culturas jóvenes audiovisuales que hasta
hace pocos años eran para nosotros la figura más nítida del imperialismo que nos destruye y nos corrompe. Sin embargo, a partir del uso que la gente joven está haciendo hoy del rock, hemos descubierto que no eran tan unidireccionales ni tan unívocas como habíamos creído. Es decir, frente a las experiencias de los adultos, para los cuales no hay cultura sin territorio, la gente joven vive hoy experiencias culturales desligadas de todo territorio. Es un proceso en el que nuestros viejos maniqueísmos tenderían a confundir“ no-nacional” con“ antinacional”, cuando en la experiencia de nuestros jóvenes la crisis de las metáforas de lo nacional no supone ni implica antinacionalismo, sino que tiende a una nueva experiencia cultural. ¿ Cómo desligar hoy lo que en los procesos dé la industria cultural hay de destrucción, de lo que hay de emergencia de nuevas formas de identidad? Es un reto para los antropólogos, porque es indudable que en los procesos hay destrucción, homogeneización de las identidades, pero asimismo nuevas maneras de percepción, nuevas experiencias, nuevos modos de percibir y de reconocerse.
El tercer elemento de la desterritorialización está relacionado con la desmaterialización. Estamos generando unas dinámicas culturales cada vez más desmaterializadas. A partir de estudios como los de Paul Virilio sobre la aceleración y las nuevas tecnologías, se ha podido