Agenda Cultural UdeA - Año 2001 OCTUBRE | Page 18

ISBN 0124-0854
N º 72 Octubre de 2001
Las obras de juventud de Joaquín Rodrigo se caracterizan por un delicado lirismo personal, colores orquestales a veces muy atrevidos y un vocabulario armónico que recuerda a Ravel y a Granados, entre otros. Estas características, y otras más, se confirmarían y desarrollarían a lo largo de los años de estudio con Paul Dukas. Vale mencionar que la ceguera de Rodrigo no le impidió escribir música, ya que se valía de su piano y de una máquina braille.
En París conoce a Victoria Kamhi, pianista de cualidades excepcionales, con quien se casaría en 1933; ella se convirtió en compañera inseparable, y compartió su trabajo, su gloria, su vida.
El estreno del Concierto de Aranjuez, en Barcelona, el 9 de noviembre de 1940, significó el punto de partida para el reconocimiento de la carrera del gran compositor, hombre tímido, ameno conversador y amigo de sus amigos; esta obra, escrita para guitarra y orquesta en París en 1939, evoca el ambiente de finales del siglo XVIII de Aranjuez, pequeño municipio cercano a Madrid. La melodía transforma en sonidos los recuerdos de Joaquín Rodrigo cuando paseaba por los jardines de Aranjuez, acompañado de Victoria Kamhi, quien le describía y le desmenuzaba- los colores y las texturas. Impresiona cómo Rodrigo pudo retener en su memoria las imágenes tan fieles de una comunidad que jamás pudo ver. Tal vez ahí resida el secreto del éxito de la obra: en su capacidad de recrear paisajes acústicos y remecer el mundo afectivo de quien lo escuchara. Cristóbal Gussin atribuye el impacto de este concierto a que“ fundamentalmente Joaquín Rodrigo logró llevar la guitarra a un lenguaje sinfónico. No hay quién no recuerde esta melodía preciosa, especialmente el segundo movimiento. El concierto está incorporado al acervo español, sin distinguir que sea clásico o popular”. Quizás, debido a esta cualidad, fue la pieza más escuchada y vendida en el siglo XX en toda España, y superó a
canciones de música pop y rock, según una lista publicada en Madrid por la Sociedad General de Autores y Editores. Sin embargo, durante su vida, Rodrigo compuso alrededor de 26 piezas para guitarra, con lo que contribuyó-sostienen los entendidos- a dignificar la guitarra como instrumento. Paradójico, porque Rodrigo tocaba sólo piano. Del mismo modo vale decir que no hay escuela de guitarra donde no se considere ese concierto enaltecedor como ejemplo para la perfección interpretativa.
Dentro del gran número de obras que escribió también se destaca La Fantasía para un Gentil Hombre, una de las piezas más sobrias y elegantes de Rodrigo, dedicada al guitarrista Andrés Segovia-uno de sus grandes amigos-, estrenada en San Francisco, Estados Unidos, el 5 de Marzo de 1958. Rodrigo compuso en todos los géneros y estilos; llevó a la música ballets y películas, y escribió canciones, zarzuelas, piezas vocales para piano y orquesta.
El maestro Joaquín Rodrigo, fallecido en julio de 1999, dejó un legado de sensibilidad, sencillez y belleza. Fue un genio de la música. Y como tal se destacó por su gran humildad. Con sorprendida modestia recibió cada una de sus distinciones. Cuando en 1996 le anunciaron el Premio Príncipe de Asturias, el compositor exclamó:“¿ Y a mí por qué …?”.
Son muchos los homenajes que en el año de su centenario rinden en su patria y el mundo a Joaquín Rodrigo, con concursos de composición e interpretación, seminarios y conciertos, y precisamente el 22 de noviembre, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid con la Orquesta y Coro Nacional de España, se ofrecerá el concierto conmemorativo con el siguiente programa: Música para un códice salmantino, Concierto serenata para arpa y orquesta, Cuatro madrigales amatorios, Ausencias de Dulcinea, y Cántico de San Francisco de Asís.