Agenda Cultural UdeA - Año 2001 OCTUBRE | Page 17

ISBN 0124-0854
N º 72 Octubre de 2001
JOAQUÍN RODRIGO, ESPAÑOL CON“ VISIÓN” UNIVERSAL
Por Carlos González Restrepo Programador, Departamento Emisora Cultural
“ En la vida no se es en nada el primero … sólo aspiro a ser Joaquín Rodrigo, pero mejorado.”

E

n la historia de la música es frecuente encontrar obras magistrales ligadas a su compositor en una simbiosis perdurable y que, en ocasiones, opacan el resto de la obra de prolíficos músicos: Vivaldi y Las Cuatro Estaciones, Beethoven y la Quinta Sinfonía, Joaquín Rodrigo y El concierto de Aranjuez; Eduardo Moyano, uno de los biógrafos de Joaquín Rodrigo, afirma que el compositor español, reconocido en todo el mundo,“ Ha sido víctima de su propio éxito”, ya que El Concierto de Aranjuez hizo que el resto de su obra fuera menos conocida.
Joaquín Rodrigo nació en Sagunto, provincia de Valencia, en la costa mediterránea de España, el 22 de noviembre de 1901, el día de Santa Cecilia, patrona de los músicos. En el año 1905 sobrevino en Sagunto una epidemia de difteria a causa de la cual murieron muchos niños; Joaquín se quedó sin vista. El compositor comentaría más tarde, sin amargura, que esta desgracia personal probablemente lo condujo hacia la música.
A la edad de cuatro años, su familia se traslada a Valencia, ingresa más tarde en el Colegio de Ciegos, y se inclina
paulatinamente por la música, A principios de los años 20, Joaquín Rodrigo era ya un excelente pianista y un estudiante de composición familiarizado con las corrientes vanguardistas más importantes del mundo del arte. Sus primeras composiciones fueron escritas en formas musicales pequeñas, aunque su primera obra para gran orquesta data del año 1924. Su opus 1, Dos esbozos para violín y piano(' La enamorada junto al surtidor ' y ' Pequeña ronda ') fue compuesto en 1923. A esa misma fecha son también la Suite para piano, la Canconeta para violín y orquesta de cuerdas, y un austero Ave María para voz y órgano, que años después arregló para coro a capella. La Berceuse de otoño, también de 1923, fue compuesta en su forma original para piano, pero Rodrigo la orquestó en los años 30, y también la incorporó más tarde a la bella Música para un jardín, de 1957. Su primera obra para gran orquesta, Juglares, fue estrenada con éxito por la Orquesta Sinfónica de Valencia bajo la dirección de Enrique Izquierdo en 1924. Animado por este triunfo, Joaquín se presentó a un concurso nacional al año siguiente, con una obra mucho más ambiciosa, las Cinco piezas infantiles, por la que recibió una mención honorífica del jurado y que fue estrenada con gran éxito en Valencia y en París, en 1927 y 1929 respectivamente. Joaquín Rodrigo estudiaba ya por esta fecha con su maestro francés Paul Dukas, en la École Normale de Musique, en París. Rodrigo había decidido trasladarse a Francia en 1927 pues la capital francesa era, desde principios de siglo, un importante núcleo cultural para escritores, pintores y músicos españoles. Se esperaba pues, que el joven músico desease seguir los pasos de Albéniz, Falla y Turina.