ISBN 0124-0854
N º 74 Diciembre de 2001
En una de esas noches, al despedirse, Arsaces le dijo estas palabras:
– Dime: ¿ no has oído hablar en Bethlehem de tres viejos árabes que estuvieron sólo una noche allí?
– No, ¿ por qué?
– Por esto: Galba, nuestro decurión, nos ha dicho ayer que El Idumeo esperó ansiosamente a tres árabes caldeos que fueron a Bethlehem, hace ya bastante tiempo. No sé en verdad qué clase de inquietud es la suya; pero Galba teme algún nuevo despropósito de Herodes.
Como la joven nada sabía, no hablaron más de ello.
Dos días después, Salomé llegó muy temprano a Jerusalén. Apenas vio a Arsaces le echó los brazos al cuello, llorando de alegría.
– ¡ El Mesías, nuestro Salvador, ha nacido!
Y le contó, en abundantes lágrimas de fe dichosa, el nacimiento de Jesús, el ángel que sobrevino a los pastores, la adoración de los reyes, todo, todo. ¡ Y ella, que lo había sabido el día anterior apenas!
–¿ De veras crees que ese chico es el Mesías? – le preguntó Arsaces.
– Sí, creo – respondió la joven, fijando en él sus ojos dilatados de sereno y profundo entusiasmo. Pero como por dicha es posible conciliar el amor y la fe en una misma ternura, la despedida de los jóvenes fue ese día más dulce aún.
A la mañana siguiente, Salomé, que volvía de la cisterna, lanzó un grito y dejó caer el cántaro al ver de improviso a Arsaces.,
– ¡ Pronto! – le dijo éste apresurado –. Mi decuria llega ya a Bethlehem y no puedo demorar. Galba me
Anónimo. Cortejo de las santas en San Apolinar el Nuevo( Detalle) 550 d. C. Mosaico. Ravena